Aquí no se fía

No son las pensiones, es el empleo

Que no nos vengan con las milongas de siempre. Lo insostenible no es el sistema público de pensiones. Lo insostenible es la política de empleo que está detrás de su déficit actual. Porque la Seguridad Social no tiene un problema de gastos, sino de ingresos. Unos ingresos que no crecen todo lo deprisa que sería necesario, por culpa de la precariedad laboral y de las abundantes bonificaciones en las cuotas que pagan los empresarios.

Vayamos por partes.

Según los últimos datos conocidos, el conjunto de la Unión Europea gasta en pensiones una cifra equivalente al 13,5% de su PIB. En España, sin embargo, el porcentaje es del 11,5; lejos de otros países de nuestro entorno más cercano, como Francia (14,9) o Italia (16,1). La pensión media de jubilación apenas supera aquí los mil euros, y cuatro de cada diez perceptores no alcanzan ni siquiera el salario mínimo interprofesional.

A pesar de ello, en los últimos cinco años, la Seguridad Social incurre en déficit sistemáticamente, porque los ingresos por cotizaciones no cubren los gastos. Y para cumplir los compromisos contraídos, el Gobierno ha esquilmado el Fondo de Reserva, que en 2011 estaba dotado con 66.000 millones de euros. Hoy, a la hucha de las pensiones ya sólo le queda dinero para un año.

Hasta ahora, los problemas financieros de la Seguridad Social se han afrontado a base de recortes en las prestaciones. El último consistió en poner un tope del 0,5% sobre el IPC a las subidas en tiempos de bonanza económica. A cambio, se estableció también un mínimo del 0,25% pelado, que es el que el Gobierno viene aplicando desde entonces.

¿Y qué ha ocurrido, mientras tanto, con los ingresos? Pues que, después de la peor etapa de la recesión, volvieron a crecer, pero menos que el empleo. De tal modo que, al término de los ocho primeros meses de 2016, seguían por debajo del nivel existente en 2008.

Esa circunstancia no tiene otra explicación que el descenso de la cotización media por afiliado, que ha ido bajando hasta los 5.812 euros de 2015, el peor dato anual desde el estallido de la crisis. El descenso de la cotización media es atribuible, a su vez, a la peor calidad de las nuevas contrataciones en estabilidad, horas de trabajo y sueldo, así como a los incentivos a la creación de empleo.

Que una cosa iba a llevar a la otra y que entre todas conducirían a un grave desfase en las cuentas de la Seguridad Social era más que previsible. Pero el Gobierno de Mariano Rajoy no ha tenido empacho en persistir en sus políticas, con tal de mejorar a cualquier precio los datos de ocupación de cara a los sucesivos procesos electorales.

Resolver esta situación no será tarea fácil; entre otros motivos porque las cosas suelen hacerse peor cuando el tiempo apremia. Y apremia mucho. De ahí el alto riesgo de que se pongan parches a un problema que requiere soluciones de fondo y que no empobrezcan aún más a una población muy saturada de esfuerzos.

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