Opinión · Aquí no se fía

Lo que esconde la mejora del empleo

El Gobierno, su partido y el coro mediático que habitualmente les jalea, han sacado pecho con la última Encuesta de Población Activa (EPA), correspondiente al cuarto trimestre de 2017 y que fue dada a conocer ayer. Aparecen en ella datos que muestran un comportamiento favorable del empleo, que parece poner la recuperación en este ámbito casi al alcance de la mano. Sin embargo, hay otros menos halagüeños, que es necesario conocer para hacerse una idea más cabal de cómo están las cosas de verdad, al menos según las estadísticas oficiales.

Activos. A 31 de diciembre había en España 22.765.000 personas que trabajaban o estaban en disposición de trabajar. Eso es, en números redondos, medio millón menos que al inicio de la crisis. ¿A qué se debe ese descenso? Básicamente, a dos fenómenos que se produjeron simultáneamente: la repatriación de emigrantes que llegaron a España durante el boom económico y la marcha al extranjero de españoles, sobre todo jóvenes, que confiaban en encontrar fuera el empleo que aquí no acababan de obtener. Gracias a ello, la tasa de paro no alcanzó niveles aún más insoportables, pero al precio de reducir la fuerza de trabajo, que debe ser suficiente para sostener el desarrollo de un país. La disminución de la población activa afectó especialmente al colectivo masculino, que entre 2008 y 2017 perdió más de un millón de efectivos.

Ocupados. Pese a que su número lleva varios años creciendo de forma ininterrumpida, todavía está claramente por debajo del existente cuando estalló la crisis económica y financiera. Entonces había 1.057.100 más que ahora; la mitad autónomos y la otra mitad asalariados. Prácticamente uno de cada siete trabajadores por cuenta propia se ha quedado por el camino durante estos años, a pesar de los incentivos creados por el Gobierno para fomentar el emprendimiento. En cuanto a los trabajadores por cuenta ajena, es verdad que su volumen se está recuperando, pero a costa de una evidente pérdida de la calidad del empleo. A finales de 2017, había 1.402.000 ocupados menos a tiempo completo y 458.000 más a tiempo parcial que en 2008. La tasa de temporalidad (es decir, el porcentaje de asalariados con contratos temporales sobre el total) ha disminuido un punto, aunque ha subido del 25% al 27% si tomamos como referencia el tiempo que Mariano Rajoy lleva en la Moncloa.

Parados. El Gobierno se ha felicitado por la nueva reducción registrada en 2017, año que cerró con 3.776.700 personas desocupadas, cifra que está muy por debajo de la que el PP se encontró cuando recuperó el poder (5.287.300). Sin embargo, el desempleo continúa por encima del nivel previo a la crisis, pues a 31 de diciembre pasado había 759.900 personas más en esa situación que a finales de 2008. La tasa de paro también está más alta que hace nueve años: 16,55% frente a 13,79%. Con Rajoy, además, su comportamiento entre hombres y mujeres ha sido muy desigual. En el colectivo masculino, ha bajado 7,3 puntos, mientras que en el femenino lo ha hecho sólo en 4,6.

Todo esto se refiere al empleo y a algunos aspectos de la contratación. El empeoramiento de las condiciones de trabajo y el deterioro salarial, que la EPA no recoge, darían para varios artículos más.

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