Puntadas sin hilo

SINDICATOS

Defender a los sindicatos es impopular. Se les acusa de traicionar a los trabajadores, de connivencia con el Gobierno, pancistas agradecidos, no hacer nada, y recibir graciosamente jugosas subvenciones, este último año de 16 millones para todos (con salario mensual para el vituperado Cándido Méndez de 2.470 euros). Tan jugosas son que el señor Rajoy ha anunciado que propondrá recortárselas. No le preocupan, al parecer, los 400 millones que recibe la patronal CEOE, el doble del presupuesto de Congreso y Senado juntos.

 ¿Pueden hacer más los sindicatos en este asunto concreto de la reforma de pensiones, con jubilación a los 67 años? Son ellos quienes han aclarado, frente al engañabobosciudadano del Gobierno, que el problema no reside en retrasar la edad a 67 años, sino que, con esto y un mayor número de cómputo laboral exigido, las pensiones quedarán mermadas considerablemente. ¿Quieren esto los ciudadanos?

 Algo están consiguiendo, pero si presionan más "para hacer más", la cruda realidad es que los ciudadanos no les acompañan: pasan. Y no digamos en la medida suprema de huelga: les molesta. Aunque luego se beneficien todos, afiliados o no, de lo conseguido.

 Los sindicatos son una figura protegida por la Constitución española y ejercen una labor trascendente en las relaciones sociales.

 Unos por meditadas intenciones y otros por ignorancia, de lo que se trata es desprestigiarlos y deshuesarlos. De lo que se trata es de dejar, más y una vez más, a los trabajadores sin dignidad.

 Por supuesto, hay que someterlos a control y crítica, y de hecho lo están, al contrario que la patronal, pero no los sometamos al placer morboso que nos pueda producir la descalificación por la descalificación. Son brotes verdes de algo que empieza por f.