Opinion · Puntadas sin hilo

Aún no es primavera en Libia

 

No sé por qué imaginaba a los diputados lanzando aviones de papel como aquellos con los que los viejos jugábamos de niños.

 De los 350 diputados que representan a los españoles, todos los presentes (340), salvo tres y una abstención, votaron a favor de aprobar la exclusión aérea sobre Libia.

¿En la guerra de Libia? No. Citaré a un único analista: Lluis Bassets. “No se desencadena una guerra, sino una acción de policía o protección aérea. Es justa la causa: se trata de proteger a la población libia y de impedir que Gadafi termine aplastando a sangre y fuego la revuelta contra su dictadura”.

Dado que se establecen similitudes con Irak, conviene precisar que la guerra de Irak fue principalmente combatiendo en tierra. En Libia está prohibido con rotundidad en la resolución de la ONU que autorizó la exclusión aérea. Hay que remarcar asimismo que, como tantas veces se ha dicho sin fortuna, la guerra de Irak no contó con autorización de Naciones Unidas; fue una decisión unilateral de EEUU, a la que España sumó su apoyo y participación. Cuestión esencial, salvo que se admita que la legalidad internacional es una entelequia.

Tampoco está de más señalar que los cuatro F-18 españoles están destinados a labores de reconocimiento, no a atacar objetivos. Y están autorizados a disparar solo para defenderse si son atacados, como es lógico.

Tal vez se debería haber dado a Gadafi una salida sin castigo. Se habría evitado la intervención. Es dudoso que Gadafi, tirano y fanático, la hubiese aceptado. Pero la Corte Penal Internacional de La Haya, en la que asesoran el juez Garzón y la fiscal María Dolores Delgado, ya lo había prácticamente condenado, sin haberse celebrado juicio. ¡Cómo va a entregarse sabiendo que pasaría el resto de su vida en prisión! Por ello resulta candoroso argumentar que habría que haber negociado.

Y no estaría mal hacer examen de conciencia y recordar lo amiguitos que éramos del dictador, con jaimas en Sevilla, caballos regalados y llaves de oro de Madrid. Las amistades particulares. Entonces sí que pesaba el petróleo; ahora creo que no. Son otras causas igualmente espurias: Por ejemplo, en Sarkozy, que Gadafi hijo dijera que financiaron su campaña electoral. EEUU, nadie puede salirse del redil. Merkel, temor ante elecciones regionales inmediatas, celebradas ya con éxito para ella. Zapatero, el más ingenuo y honrado: “Debíamos actuar para proteger a civiles”.