Opinion · Puntadas sin hilo

La sentencia de El Cuco

 

Todos llevamos un juez dentro. Criticamos con enorme facilidad cualquier actuación judicial antes y después de que se ponga sentencia. Sin conocer sumarios, sin ser expertos. Solo guiados por nuestro sentido común y en muchas ocasiones apasionamiento. La justicia es buena si dicta lo que nosotros consideramos bueno. Por supuesto que se puede criticar todo y es conveniente, pero no sé si a veces rebasamos los límites. Y los medios de comunicación hacen juicios paralelos en todo momento y de todo, como si se tuviera derecho de pernada, en aras de la democracia.

Ciertamente causa decepción la benévola sentencia impuesta al menor El Cuco por su participación en el caso de la chica sevillana Marta del Castillo. Le han condenado a tres años de internamiento en un Centro de Menores y dos más en libertad vigilada, una vez que la alcance. Porque el Tribunal lo condenó por encubrimiento, pero no por violación ni asesinato. Lo que más puede irritar es que dentro de un año estará en libertad, pues ya lleva dos internado, y que, como a todos los delincuentes, ese tiempo previo sin libertad cuenta a la hora de cumplir sentencia. La sociedad sevillana no lo soportará y El Cuco tendrá que exiliarse de la ciudad.

Si el Tribunal, estudiando las pruebas, no vio clara su participación en la violación ni en el asesinato no creo que haya sido incorrecto en su decisión. De todos modos, ustedes saben que toda sentencia es recurrible ante una instancia superior, y por ello los nuevos jueces podrán variar la sentencia. Garantías para el condenado y garantías para los acusadores y para nosotros, ciudadanos.

Resurgirá con fuerza la polémica de la conveniencia de cambiar la Ley del Menor, ya tantas veces cambiada, y equiparar a menores y mayores. De nada valdrán las opiniones de jueces, fiscales y psicólogos de los juzgados de menores. Los políticos lo usarán para captar votos o ser ecuánimes. Y el juez que todos llevamos dentro se soliviantará. Todo, menos confiar en la justicia.

Sé que les molesta, pero permítanme que me haga cuatro preguntas: 1. ¿Se debe rebajar la edad penal plena a los 15 años?  2. ¿Son eficaces los centros de internamiento? 3. ¿Debe cumplir en cárcel un menor al alcanzar la mayoría de edad?  4. ¿Es bueno o peligroso mezclar a jóvenes con delincuentes prototípicos en cárceles no preparadas?