Opinion · Puntadas sin hilo

¿Es posible cambiar la política económica del Gobierno?

 

Por supuesto. La Unión Europea exige reducir el déficit, pero no dice cómo.

Si yo no estoy loco, juraría que anteayer leí en este periódico: “Banqueros y empresarios reclaman a Zapatero más flexibilidad laboral. Uno de cada tres recortó empleo. Las pymes buscan alternativas para esquivar la escasez de créditos; los bancos están limitándose a renovar créditos antiguos aumentando los tipos de interés”.

¿Cómo es posible jugar con sujetos así, insaciables en su codicia, y no echarlos a cajas destempladas?  Rubalcaba, recuerde que usted es de los que dicen cuando le conviene “Santa Rita, Rita, lo que se da no se quita”. ¿No le da vergüenza recortar y recortar los derechos y el bienestar de sus votantes?

Ahora dicen que quieren luchar contra la economía sumergida. Hora era, si bien ya hablan de no castigar a los defraudadores. O sea que es de mentirijillas. ¿Qué pasó con las 3.000 fortunas descubiertas con dinero negro en Suiza?

A Izquierda Unida, que son unos pocos, se les ocurre como exigencia primaria una reforma fiscal progresiva y justa y a estos linces del PSOE, no. A los ricos, ni tocarlos. Pues lo tiene usted crudo, señor Rubalcaba. Roma no pagaba traidores, ni los votantes tampoco. O cambian ustedes de política económica o ya pueden irse comprando las bolas de petanca.

 El dinero se saca debajo de las piedras, salvo de las depauperadas clases baja y media. Eso es lo decente y lo posible, no vengan con comodidades. ¿Qué fue del impuesto del patrimonio, qué fue del impuesto de sucesiones? Y existen otros medios ingeniosos y nuevos de reducir el déficit, impuesto a estrenar de loterías, reducción de armamento, supresión de cargos designados a dedo…, ya tantas veces explicados y por ustedes ignorados en su soberbia.

Rubalcaba, lo primero que tiene usted que anunciar es la restitución de las pensiones, la supresión de las rebajas a los funcionarios, y desde luego y en ningún caso permitir que a un trabajador lo puedan despedir por las buenas, según parece que quieren esos amigos suyos llamados banqueros y empresarios. Si hicieran todo eso, podríamos empezar a hablar.