Puntadas sin hilo

¿Vivimos mejor o peor que hace 4 años?

 

Bueno, yo peor porque tengo cuatro años más; pero ustedes, mejor, porque están en pleno desarrollo de sus vidas. ¿O eso no cuenta?

Si nos referimos a lo estrictamente económico, hay dos millones más de parados, que, en consecuencia, viven peor, por generosa que haya sido y sea la protección social ofrecida por el Gobierno. Esto inclina de modo abrupto la balanza hacia el lado de lo negativo, y más si no hay visos de solución próxima.

En cuanto al cómputo global, creo que no vivimos peor. Si bien la renta per capita ha descendido cuatro puntos hasta el 101%, de un lado seguimos estando por encima de la media de la Unión Europea, por encima de Italia, por ejemplo, y muy muy cerca de Francia, uno de los motores de Europa. Y de otro, estimo que lo que ocurre es que la riqueza sigue mal repartida, hace cuatro años, y diez, y veinte, y siglos. Ése es el serio problema. Las cosas no se pueden analizar aisladamente, como si fueran ajenas a lo exterior. Las clases poderosas, los bancos y sus ejecutivos, los financieros han arremetido sin piedad y en total codicia contra el pueblo español, a lo que ni Gobierno ni Oposición principal ni partidos nacionalistas decisivos quieren hacer frente. Todos ellos, además, han machacado al pueblo con reformas laborales implacables.

Vive peor el que tiene una nómina, sobre todo por la angustia que le produce la inseguridad en su trabajo.

Pero viven muchísimo mejor las profesiones liberales o los practicantes de la economía sumergida y fraudulenta, que son legión, comenzando  por los promotores inmobiliarios que tanto se quejan pero que se han enriquecido. El dinero negro ha sido y sigue siendo parte de la sangre económica de España.

La sanidad se ha mantenido gratuita y universal, con un funcionamiento igual o mejor que hace cuatro años, y entre las mejores de Europa. Ahora, si te duele el dedo de un pie te hacen al menos veinte pruebas de resonancias y demás, con el gasto brutal que toda la nueva sanidad supone.

La esperanza de vida, uno de los medidores más reconocidos, ha aumentado y estamos a la cabeza de Europa.

El humo del tabaco ha desaparecido.

Las pensiones, todas, han aumentado notablemente, aunque no por ello dejan de ser insuficientes para una vida digna.

Será demagógico, pero no hay puente ni vacaciones en los que las ciudades no queden desiertas, aunque ya sé q      ue es que vamos a casa de unos parientes en el pueblo y no a Nueva York, o al apartamentillo que nos habíamos comprado en la costa, y que es el mismo que hace cuatro años.

Las terrazas siguen llenas.

Hemos cambiado de coche.

Hay listas de espera para comprar novísimos aparatos de informática, y es la clase media la que los compra, pues los ricos se los traen de fuera.

Es cierto que no comemos o cenamos en restaurantes de cinco tenedores, pero seguimos saliendo y hemos recuperado los placeres antiguos de extraordinarios restaurantes caseros.

Los muertos en carretera han descendido notablemente.

Muchos pequeños comercios han desaparecido, pero porque han sido absorbidos por los grandes, más cómodos y que visitamos en masa.

La institución del matrimonio ha sido reforzada, bodas gays y divorcios exprés incluidos, aceptamos sin problema las diferencias.

Somos amigos de Obama.

ETA está en coma, pese a los agoreros de catástrofes y visionarios de fantasmas infiltrados.

Las tensiones independentistas están bastante en calma.

En deportes, ni te cuento.

Todo el que quiera, puede estudiar.

Los inmigrantes siguen haciendo los trabajos de los que nosotros nos hemos librado.

Así, ¿no existe obsesión, no exageramos? ¿Nos hemos parado a contemplar la realidad?  Hemos vuelto a ser como éramos, porque vivíamos como lo que no éramos. No es acorde la forma de vida que se ve con la situación que dan los datos.

Cierto que lo económico es lacerante, pero, en mi opinión y resumen: viven peor los parados, auténticas víctimas del terrorismo capitalista, viven igual las clases medias, y viven muchísimo mejor los ricos.  O si se prefiere: en lo económico vivimos peor, pero no todos, y en todo lo demás vivimos mejor.

Pese a ello, yo no votaré al PSOE.