Puntadas sin hilo

Garzón

 

 

Con todo dolor de corazón, leída la sentencia, debo decir que la condena por prevaricación contra el magistrado-juez Garzón me parece procedente y adecuada a derecho, y ello por una razón rotunda, clara, precisa y contundente que entendería un niño: bajo ningún concepto se pueden intervenir las conversaciones de un preso con su abogado. Punto. Creo que la decisión de los siete magistrados es la correcta.

Bien es cierto que si hubieran querido absolverlo habrían encontrado camino aun de modo un tanto sofisticado pero sin oprobio, alegando que el derecho no es una ciencia exacta, que está sometido a interpretación, y que habiendo sido anuladas posteriormente las decisiones posteriores del juez, era posible su absolución. Pero, estimo, los magistrados han decidido dentro de una pureza profesional e ideológica irreprochables.

Es duro decirlo frente al sentimiento de fervor popular con que cuenta Garzón. Pero creo también que los gritos y manifestaciones en la calle en su favor no le han ayudado. Es tremendo y descalificador que le llamen fascistas a los magistrados, - alguno de ellos como el Presidente del Tribunal con un pasado democrático intachable y arriesgado en el País Vasco de su más dura época -, aunque imagino que habrán ignorado tales gritos y manifestaciones.

Pienso que Garzón cometió un grave error al recusar a los magistrados designados en primer lugar y que efectivamente fueron recusados, porque realmente estaban contaminados al haber intervenido en varias fases de admisión e instrucción. Los magistrados recusados le habrían condenado o no, pero con toda seguridad el Tribunal de Estrasburgo habría declarado nulo el juicio precisamente por esa contaminación. Desgraciadamente me atrevo a vaticinar que ese Tribunal de Estrasburgo, por el contrario, no revocará y sí confirmará la sentencia dentro de cinco o seis años por estar sólidamente fundada y razonada. Con anterioridad, el Tribunal Constitucional, si Garzón acude a él por violación de derechos fundamentales, tampoco le dará la razón, siempre según mi ojalá que errado vaticinio, porque en realidad no hay ningún derecho fundamental quebrantado. Incluso no me extrañaría que, llegado el caso, ni siquiera admitiese el recurso a trámite.

Creo que esta sentencia tendrá una influencia decisiva en el desbaratamiento del caso Gürtel ante la nulidad de una parte importantísima de las pruebas en contra de los supuestos corruptos madrileños, valencianos, etcétera. Todo un desastre, que no le quita mérito a la sentencia contra Garzón.

Tampoco valdrán las razones de que otros jueces en otros casos, como en el de Marta del Castillo, hayan podido autorizar conversaciones de presos con sus abogados. El hecho es que nadie presentó recurso ni querella alguna.

Estamos, pues, ante un dilema de racionalidad jurídica frente a sentimentalidad. Sentimentalmente yo estoy con Garzón, pero racionalmente estoy con el Tribunal Supremo que ha dictado la sentencia. Y bien que lo siento.