Puntadas sin hilo

¿Para cuándo la revolución?

 

 

Lo más descorazonador de la situación actual reside en que los ciudadanos aceptan la resignación como inevitable. Sin saber de qué son culpables y por qué. El poder político se muestra incapaz de dar explicaciones serias y soluciones coherentes. Pero el hecho es que la vida de los ciudadanos se ha depauperado hasta límites que van desde la reconocida pobreza de la cuarta parte de la población a situaciones de angustia y preocupación generalizada, con muy contadas excepciones.

Nadie confía ya en que las cosas mejoren, sean de la tendencia ideológica que sean, al contrario, todo el mundo, o casi, piensa que irán a peor. A peor, ¿hasta dónde? No se sabe, pero bastante o muy lejos.

¿Qué se puede hacer frente a esto? Parece que nada, estamos atrapados en el repugnante misterio de la economía. Pero es muy duro permanecer así.

Evidentemente no se dan las circunstancias para una revolución violenta, ni sería deseable. Pero caben medidas que atenúen el desastre, y ello dentro del ejercicio democrático. Que comienza por el voto, aunque nos parezca lejano por haber salido recientemente de unas elecciones. Con unos sindicatos sin fuerza y también bastante inútiles, sin embargo la conformación de ese voto puede dar lugar a mejoras. Los periodistas disconformes con la situación actual pueden y tienen el deber de guiar en cierto modo o al menos martillear para conseguir esa revolución pacífica, que no son términos contradictorios, digan lo que digan los diccionarios y las teorías más abruptas. Ahora mismo tenemos elecciones autonómicas en Andalucía y en Asturias. Si un partido propusiera y se comprometiera a medidas sensatas en la lucha por salir de la situación de desesperanza, ese partido tendría la confianza de millones de ciudadanos, sin necesidad de nuevas leyes electorales ni quiebras democráticas, pero que constituirían la revolución posible y pendiente, en no más de tres años de travesía para llegar al oasis de vivir con decencia:

1. Reducción del presupuesto militar a la mitad.

2. Creación de un banco público.

3. Reforma fiscal muchísimo más agresiva que la reforma laboral que nos han propinado ayer, y sin prescripción para delitos o simple fraude.

4. Supresión de subvención económica anual a la Iglesia.

5. Todo juicio se celebrará inexcusablemente antes de tres años.

6. Ningún español dispondrá de menos de 1.500 euros al mes, para poder vivir decentemente, sin óbice de controlar su disponibilidad para trabajar.

7. Toda esta ingente cantidad de dinero obtenida de la reforma fiscal y la desaparición del fraude se destinará, bajo la dirección de una comisión de expertos, a la creación de puestos de trabajo de nuevo cuño, preferentemente en lo tecnológico, en la innovación, en la investigación y en el desarrollo.

Con cualquier otro método más tentador, la revolución fracasará porque ellos tienen la fuerza, la capacidad represora. Todo lo demás serán globos grises con los políticos habituales como vendedores, y que irán estallando delante de nuestros ojos de desesperación. La revolución del voto es la única posible, y hay que concienciarse para ello, sin disputas ni evasivas ni quimeras. Preparémonos, preparémosla.

¿No será posible que en la izquierda, en sentido amplio y sin restricciones, nazca la sensatez?  ¿Preferimos vivir año tras año en la impotencia y en la frustración?  ¿Es tan difícil que un partido, creado o por crear que reúna a toda la izquierda, ofrezca y cumpla esto? 

¿Usted apoyaría a ese partido?

 

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Gota del FASTO REPUBLICANO: El presupuesto del Presidente de la República Francesa, Nicolás Sarkozy, en el Elíseo es más del doble de los gastos de Isabel II.  113 millones de euros frente a 50.

 

 

Gota de las PEQUEÑAS DIFERENCIAS entre una democracia y otra:  Sarkozy someterá a referéndum la reforma del desempleo, y los derechos de los extranjeros.     Igualito que aquí, que una reforma laboral de tal calado se aprueba por decreto-ley y entra en vigor el día siguiente.

 

 

Gota de la REFORMA LABORAL QUE CONVIERTE A LOS TRABAJADORES EN PELELES:  ¿A quién teme usted más a partir de ahora, a los políticos, a la monarquía, a los curas, a los militares, a los jueces o a su empresario?