Opinion · Puntadas sin hilo

¿Llegaremos a los 15 millones de parados?

 

 

Pues tardaremos un poquito, pero es posible. Incluso probable. Porque ¿qué razón hay para que el desempleo se detenga? No me irán a decir que lo de pagar la deuda lo arreglará. Ni lo de ahorrar y recortar, porque eso justamente para lo que servirá es para pagar la deuda, que por lo visto hemos contraído todos. ¿Y alguien cree que una vez pagada se va a producir empleo? Servirá para que cobren los acreedores, pero nada más. ¿O creen que por eso van a dar crédito, esa ansiada solicitud? ¿Crédito para qué, para invertir en qué, en qué nuevos tipos de puestos de trabajo? Ah, ya, la productividad y la competitividad. ¿Y eso qué es? ¿En qué y con qué vamos a competir? ¿En exportar naranjas? ¿Qué vamos a producir aquí nuevo y que interese? Se continuará hablando del cambio de modelo productivo, como si eso, además de genérico, se hiciera de la noche a la mañana.

Y mientras tanto y sin remisión, cada vez más trabajadores sin empleo, ni aunque la reforma laboral la llevasen a 0 euros de despido, que la llevarán, y 1 euro de salario por hora para los afortunados. No se rían, porque hay zonas de Alemania en las que los salarios son de 0,55 euros a la hora.

Seis millones, siete, ocho, está chupado. Hasta diez. Diez millones de españoles sobreviviendo en la economía sumergida de la chapuza, la maña, y lo oculto. No está mal; así se puede tirar un par de años más. Pero como ya no paga impuestos ni dios, esos seres benéficos que son los empresarios que tanto nos aman y aman a España seguirán despidiendo, ellos para vivir (bien) tienen. ¿Hasta? ¿Dónde está el punto de inflexión? Por qué diez y no doce, esto es como una bola de nieve y hambre.

¿Estaríamos cerca ya de la rebelión? No, porque las cosas van a mejorar, ahora sí que hay brotes, no inmediatamente, eso sí, pero mejorarán en el medio y largo plazo. Y además es muy cansino eso de la rebelión o revolución. El caso es ir tirando aunque sea malamente. Y aunque la delincuencia aumente. Peor estaban en el Siglo de Oro, con pícaros y menesterosos a mansalva. No, no eran extras los que salen desdentados en las películas.

¿Y no habría cabida para diez millones de camareros, diez millones de albañiles, y uno de ingenieros, arquitectos y doctores en Derecho y Ciencias Empresariales ya sin trabajo, a poco que mejorase el turismo y volviésemos a hinchar la burbuja de la construcción? No estaría mal: diez millones y medio de camareros y licenciados, y diez millones y medio de albañiles y arquitectos subidos al andamio.

España no hizo la revolución. Ninguna, pero sobre todo la industrial, y lo estamos pagando. Tanta doctrina y jeribeque económico y no somos, no son, capaces de definir a qué tipos de nuevos trabajos hay        que dirigirse, ni los responsables ponen los medios para conseguirlos y se limitan a hablar de Formaciones Profesionales, lo mismo de siempre.  ¿Dónde está y queda la tecnología, la investigación, el desarrollo científico, el mundo infinito de los algoritmos? 

Y ya debemos de estar, como Violante, en los 15 millones. Todo un espectáculo, pasen y vean, 15 millones de españoles al sol de la intemperie. Ah, y sus familias. Tal vez será el momento de la rebelión. ¿O ya? Porque la mejor rebelión es prevenir el futuro. No insistan: el problema no es el déficit; el problema es a qué nuevos tipos de actividades laborales podemos dedicarnos.

 

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Gota del día:  ¿Usted vendería La Alhambra a cambio de un pozo de petróleo?   Se ruega sinceridad.

 

 

Gota de la RIQUEZA: Hoy se casa la hija de Amancio Ortega, el dueño mayoritario de Inditex-Zara, cuya fortuna es de 34.000 millones de euros, cantidad equivalente a la que necesita España para saldar su deuda.   Sin embargo, Amancio Ortega es de las poquísimas personas más ricas del mundo que no suscita odios ni aversiones.  Felicidad para su hija.

 

 

Gota IMPOSIBLE: Dimite el Presidente de Alemania por un escándalo de corrupción, y ante la posibilidad de que el Parlamento concediera la autorización para ir contra él.   Su figura no es inviolable, como ocurre en algunas monarquías, entre ellas la española.