Puntadas sin hilo

El Rey debe abdicar

Yo quiero un rey como era don Juan Carlos hace 25 años: ágil, dinámico, prudente, sensato, coherente y respetuoso. Pero está punto de cumplir 75 años y su imagen interna y externa se ha deteriorado notablemente, hasta hacerla impropia de un Jefe de Estado.

La figura de la abdicación está recogida en la Constitución Española y en la historia de todas las monarquías, y por ello no se puede calificar de anómala o extrajurídica.
Don Juan Carlos no debe esperar a que el pueblo le rechace y desprecie frontalmente o le tome a burla.

Desgraciadamente, las circunstancias de todo tipo no le han ayudado, y por sus aventuras personales, los problemas de orden penal surgidos en su familia, y por su deterioro físico a causa de accidentes su actuación como Jefe del Estado puede quedar en entredicho. La globalización mundial y la necesaria asistencia a los distintos foros hacen que su presencia o ausencia se convierta cada vez en una incógnita. Incluso su imposibilidad de acudir a acontecimientos deportivos, Juegos Olímpicos incluidos, acrecientan esa duda.

Y no se trata de dar un vuelco político y constitucional y encaminarse hacia una República. Su heredero, el príncipe Felipe, está suficientemente preparado y no se produciría vacío alguno ni en la Corona ni en la Constitución.

El Rey está teniendo últimamente unas actuaciones llamativas, como pueden ser reuniones absurdas con empresarios capitalistas que no llevan a ninguna solución, viajes extemporáneos que no redundan en beneficio del Reino de España, y además el dato significativo del impacto que supone que por unanimidad haya sido destituido de la Presidencia de la más importante Organización en defensa de la Naturaleza, de la que fue nombrado en 1963 cuando era Príncipe, o simplemente ir adquiriendo, en la frontera de la edad, el calificativo de cascarrabias.

Don Juan Carlos tiene derecho al descanso y a recibir en su condición de jubilado la consideración de los españoles.

Sería hora también de que la Familia Real quedase circunscrita a los Reyes y a los Príncipes o Princesas de Asturias, sin más ampliaciones familiares de ningún tipo.

Y sería ejemplar que un rey se vaya normalmente, sin traumas y por voluntad propia. Aún tiene tiempo de quedar en el recuerdo como un rey positivo en la historia de España.

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