Puntadas sin hilo

La revolución del disconforme

- ¿Ganaría las elecciones un partido que llevase en su programa como primera e inmediata propuesta consultar a los españoles si desean continuar en Europa y en el euro?

- Sin duda. Después de lo de ayer, sin duda.

- ¿Qué fue lo de ayer?

- Pues que nos ordenan subir el IVA y la gasolina, rebajar las pensiones, revisar la reforma laboral para que sea aún más dura, y reducir puestos de trabajos públicos.

- ¡Atiza, no me había enterado! ¿Y qué vamos a hacer?

- Hacerlo, cumplir la orden.

- ¿Y entonces por qué no hay ningún partido que haga esa propuestas de consultar si queremos salirnos?

- Pues por eso, por si decimos que sí.

- ¿Tan malo es salirse?

- Dicen. Pero no lo explican.

- ¿Entonces tendremos que estar toda la vida siendo unos parias, y nuestros hijos y nuestros nietos también?

- Más o menos.

- ¡Pues menuda gracia! Y sin haberlo comido ni bebido. ¿Y no hay solución?

- Hay palabras, soluciones no.

- ¿Usted qué haría?

- ¿Yo? Provocar algo excepcional. Si la situación es excepcional, la respuesta debe ser excepcional. Lo demás es corderismo.

- ¿Por ejemplo?

- Por ejemplo que se independizara Catalunya, si de verdad lo quieren. O efectivamente salirse y no pagar la deuda que dicen que debemos y que es imposible pagar. O que llegue IU al Gobierno.

- Está usted desbarrando.

- ¿Por qué? Lo que hay que hacer es provocar un terremoto. Si Catalunya se separase saltaría todo por los aires, habría una conmoción nacional y europea, y habría que reestructurarlo todo partiendo de cero.

- Ya, pero la deuda es la deuda; seguiría.

- Estaría por ver. España ya no sería España, que es la deudora. Sería un sujeto político distinto.

- Sí, pero nos harían el vacío, no querrían saber de nosotros nunca más, y hoy día no se puede vivir aislado. Pasa como con lo de salirse. La prueba es que nadie se sale.

- Efectivamente seríamos más pobres. Pero ‘seríamos’, no como ahora, que somos unos simples mandados. Y habría una esperanza de mejora, lenta, lentísima, pero firme. No continuando con esta farsa, que no tenemos la menor esperanza de mejorar.

- Dicen que eso de salir sería un caldo de cultivo para que surgiera la extrema derecha.

- Eso lo dicen los que no quieren salirse, pero no es cierto. No hay más que ver Portugal o Grecia, en la que hay extrema derecha en auge sin salirse.

- ¡Qué fácil lo ve usted!

- Fácil, no; al contrario. Pero el mundo no se acaba en Europa. Es más, el día menos pensado Europa se disuelve. Que no estaría nada mal.

- ¿Y la boutade de IU?

- ¿Boutade por qué? Sería la posibilidad de explorar una nueva forma de gobernar, no como este compincheo que se traen los dos grandes partidos. Bueno, ya no tan grandes.

- ¿Pero qué iba a hacer la pobre IU?

- ¿Por qué pobre? ¿Alguna vez tendremos que cambiar, no? ¿Usted no está harto de los de siempre?

- No, bueno, sí. Pero no sé, no sé. La devoraría el poder financiero, que es el que manda.

- Veríamos. De eso se trata, de luchar contra ellos. Mire, ya sabe lo de que el que no se arriesga no mama. Vería si Europa nos daba una quita de la deuda del 70% por lo menos, como lo que le han quitado los bancos a los preferentistas; y todo el plazo que quisiéramos para pagar y para reducir el déficit ese.

- Perdona le pregunta, ¿usted en qué universidad ha estudiado?

- En ninguna. En la del sentido común. En la de la vida. Porque ya veo que a usted no le preocupa lo de ayer, lo del IVA y la gasolina, y lo de las pensiones. Y el 28% de paro que prevé la OCDE.

- Sí que me preocupa, pero ¿qué puedo hacer?

- Rebelarse, rebelarnos. Asustarles, meterles miedo, en lugar de que nos lo metan constantemente. Es la única revolución posible. La revolución del disconforme.

- Ah, pues si es una revolución, me apunto. ¿Por dónde empezamos? Y otra cosa, ese partido que proponga esa consulta ¿no propondrá más referéndums?

- Por supuesto que sí. Tres o cuatro. Otro día se lo explico. Aunque reconozco que estoy perdiendo la chaveta y no digo más que bobadas. Pero por lo menos nos entretenemos.