Puntadas sin hilo

La costumbre del escándalo

Cualquiera de los escándalos que surgen a diario habría conmocionado a la sociedad española de hace unos años y ahora pasan sin que nos alarmemos mínimamente. Forman parte del menú diario de vivir. Hoy mismo han aparecido nuevos e importantes documentos sobre los llamados papeles de Bárcenas y su contabilidad secreta y los ciudadanos ni se enteran o no se alteran por graves y comprometedores que sean. El saco de inmundicias y sospechas de la conducta de Urdangarin está a rebosar y lo tomamos con indiferencia esperando solo a ver si a corto o largo plazo entrará en la cárcel, que lo dudamos. Las ventas o no ventas de su mujer solo nos mueven a curiosidad rosa y monárquica. El escándalo de los ERE andaluces toma proporciones gigantescas, pero preferimos pasar a la página siguiente para enterarnos si los testigos de hoy declararán a favor o en contra de José Bretón. Y así. Blesas, preferentes, desahucios, pescanovas, da igual, todo pasa, como la tuna. Nos hemos acostumbrado a convivir con el escándalo, a comprenderlo, a incluirlo en la sección de sucesos en el devenir político de la normalidad.

Por supuesto que no creemos que los culpables vayan a ser castigados debidamente, y a lo más que aspiramos es a verlos entrar y salir de los juzgados y audiencias. Se admite a trámite una querella contra la privatización de la sanidad y en nuestro fuero íntimo pensamos que no llegará a puerto de aclaración y en su caso condena. Pero la privatización y negocio de los hospitales permanecerá. Tenemos noticia de cualquier irregularidad catalana y lo damos por sentado, esperado y zanjado con burdas disculpas. O en Valencia, o en Baleares, o donde sea.

Y surja lo que surja no nos extraña por grave que sea. Siempre pensamos que solo es una pequeña muestra de lo escondido y desconocido. Ni el Rey se libra de nuestras presunciones. Todo es posible en la España del escándalo. Ahora mismo yo me invento cualquier desmán y ustedes se lo creen ciegamente. Tal vez esto sea lo más grave: que ocurra lo que ocurra le damos verosimilitud. Pensamos que es más lo que no se sabe que lo que se sabe y se descubre.

Todo imputado es culpable, y si no lo declaran ha habido trampa. Y lo más terrible: necesitamos los escándalos para no aburrirnos. Los escándalos de ahora son más sabrosos que los de antes y por eso los disculpamos con mayor benevolencia. Ya tenemos costra en el alma de la permisividad, la aceptación y la comprensión. Ah, y lo único que nos duele es que nadie devuelva el dinero que se ha llevado.

Y una cuestión aún más lacerante: Nos preocupan solo los escándalos económicos, no los morales. No nos preocupa lo que puedan hacer con la educación de nuestros hijos, con los usos y costumbres sociales, con la sanidad, con la cultura, con la ciencia, con el escándalo integral que han hecho de España.

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Gota LAMECULOS: Tras el incidente televisivo entre el tertuliano Marhuenda y el profesor Pablo Iglesias, está próxima a salir una guía o relación de lameculos de España. Se admiten sugerencias.