Puntadas sin hilo

El Ejército y la unidad de España

¿Qué ha querido decir el ministro de Defensa, Pedro Morenés, al manifestar en su discurso de la Pascua militar celebrada ayer que el Ejército es garante del bienestar y de la unidad de España? ¿Es una advertencia, una amenaza de su posible intervención en Catalunya para impedir su independencia? Sí, ya sabemos que lo dice la Constitución en su artículo 8. Pero también dice en otros muchos artículos cosas que no se cumplen, como el derecho a la vivienda, el derecho de todos los españoles al trabajo o la posibilidad de acordar la intervención de empresas -sí, hablamos de compañías eléctricas- cuando así lo exigiere el interés general, y no se cumplen ni ministro o presidente alguno lo recuerda. Esto, la ambigüedad o la aseveración, muestra el talante -ellos también tienen talante- de este Gobierno. ¿Están dispuestos, pues, a meter los tanques y reprimir por la fuerza, ignorando en este caso las recomendaciones europeas, pero no, por ejemplo, la anulación del tristemente famoso artículo 135 que nos ha arruinado a perpetuidad obligándonos a pagar la deuda antes de que los españoles coman?

Este recordatorio del ministro, en presencia del Rey, mando supremo de las Fuerzas Armadas y símbolo de la unidad de España, no es enseñar la patita o zarpa, es mucho más, es enseñar hasta donde están dispuestos a llegar, al margen de los nuevos usos europeos y democráticos. Miedo dan. Sí, el PP y su Gobierno, reyes de la camorra política, son fábrica de independentistas y patrocinadores de españoles que les aborrecen. ¿O les parecería bien a los españoles que el Ejército invadiese Catalunya y la reprimiese militarmente con el uso de la fuerza? Ya sé que no lo van a aclarar, pero el Gobierno debería matizar esas palabras. Para que cada quién sepa dónde estamos.

Dice también la Constitución que las Cortes Generales, esto es, el Congreso de los Diputados y el Senado, pueden inhabilitar al Rey para el ejercicio de sus funciones, y sin embargo y de momento a nadie cuerdo se le ocurre que lo hagan como consecuencia de la aparente senilidad reflejada ayer en su pequeña arenga ante los militares, que le llevó a atropellarse y titubear al pronunciarla. Pero no sería descabellado que el Rey pensase en su retirada. Tal vez la última motivación para que no lo haga sea el temor y la duda de que una vez hubiese abdicado perdiera la inviolabilidad que la Constitución le concede y fuese llevado a juicio frívola y temerariamente por alguna acción particular realizada durante su jefatura de Estado, cuestión jurídica de muy difícil resolución. Pero sería penoso que el Rey y su entorno decidiesen prolongar su función y su deterioro hasta morir en la cama en las mismas condiciones que su predecesor en la Jefatura del Estado, el general Franco.

La de ayer no fue una Pascua feliz; dejó muchas incógnitas sobre el papel deseable para el Ejército y sus evocaciones históricas, así como sobre la salud del rey y su capacidad o conveniencia para continuar en el cargo con corrección y sin rémora alguna.

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Gota IMPUTACIÓN: ¿Creen ustedes que un juez puede y debe imputar a alguien sin que lo acuse el perjudicado directamente por el supuesto delito?