Puntadas sin hilo

Última hora electoral

Las encuestas aciertan bastante más que el horóscopo y el tarot y casi tanto como las predicciones meteorológicas. Las demoscópicamente bien hechas, claro. Pero desde hoy ya no se pueden hacer para las elecciones del próximo domingo. La ley lo prohíbe. Pero en la última tacada todas coinciden en: 1. Gana el PP, con mayor o menor diferencia. 2. La abstención es la gran triunfadora, alcanzando récord en todo el periodo democrático, y llegando al 57-60 %, esto es, solo votará el 40 o 43 % del total de electores posibles. 3. El bipartidismo, aun ganando, queda amortiguado por las subidas de IU y UPyD, aunque menores de lo esperado, y por numerosa presencia de nuevas formaciones que consiguen representación.

El voto anticañete parece que no cristaliza, los socialdemócratas aceptan el dominio de los poderes financieros, la izquierda sigue con la patología del infantilismo, o sea confundir la realidad posible con los deseos, según expresión del presidente uruguayo, José Mujica, en la maravillosa entrevista que le hizo ayer el maestro de la televisión Jordi Évole, los nacionalistas se envuelven en sus desteñidas banderas, los anarquistas seguirá siendo inoperantes versos sueltos, y los abstencionistas, a pesar de su gran número, serán los inofensivos perros de los hortelanos.

El día 25 será lo que en teatro se llama ensayo general con todo. Habrá división de opiniones en las críticas, y es dudoso que la taquilla sea un éxito. Brotes verdes de difícil maduración. Porque nada sustancial cambia para que nada cambie. Nada por aquí, nada por allí, hale hop, de nuevo a dar vueltas a la noria. ¿Qué tiene que pasar, pues, para que pase algo? Ochenta o cien años más. Una democracia no se construye ex novo en cuarenta años. Los posos políticos, culturales, económicos, religiosos y sociales del durísimo pasado perviven largo tiempo. La gente no cambia por unas proclamas y unos años de luces y sombras. El adocenamiento, la indolencia, la comodidad, el miedo a lo verdaderamente novedoso, lo reaccionario, es decir, la marcha atrás o retroceso, de lo que también hablaba Mujica como patología de lo conservador, constituyen rémoras difíciles de superar. En el fondo estamos contentos con nuestros pasados que nos impiden modernizar nuestro futuro e igualarlo a los de los paísise y culturas sobresalientes.

Y sin embargo, si visitamos a los brujos de la predicción, comprobamos que los votos de izquierda es muy probable que superen a los de derecha, al ser estas elecciones circunscripción única. Por tanto el milagro de la razón es posible, aunque no sea más que cono punto de partida para las ya no lejas generales. De los empecinados que insisten en que el PSOE no es izquierda y de los intransigentes del deseo frente a la realidad posible, depende. ¿Y si escucháramos a Mujica?

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Gota de la RUINDAD POLÍTICA: ¡Hace falta se ruin para llevar a un enfermo de Alzheimer a un mitin electoral para que apoye a un partido, como hizo Esquerra Republicana de Catalunya con el socialista y ex presidente de la Generalitat Pasqual Maragall, por muy arropado que estuviera por su mujer y su hermano!