Puntadas sin hilo

Hasta que los ciudadanos quieran

¿Y cuándo y cómo van los ciudadanos a cambiar la Constitución, como espera Pablo Iglesias para dejar de acatar la que tenemos? ¿En qué se diferenciará la nueva de ésta si luego no la cumplimos? No creo que los ciudadanos sean proclives a cambiarla a través de la revolución en su sentido violento. No sé si los votos tendrán la suficiente fuerza para vencer a los actuales tenedores de legitimidades. Pero sí sé que al menos hay que intentarlo y además es el único camino para mitigar injusticias. No sé si Iglesias planteará muchos dislates y muchos imposibles. No sé qué es un dislate o un imposible. Creo que Podemos tuvo ese millón trescientos mil votos no por lo que ofrecía como programa, sino porque a la gente le sedujo saber que había algo nuevo y distinto de lo que había, sin pararse a investigar contenidos. La gente está harta de lo que hay. O una parte importante de la gente. La otra teme tan bruscos cambios e innovaciones. España queda, pues, dividida y enfrentada, aunque no en su sentido machadiano, sino simplemente sociológico y de reclamación de derechos y eliminación de desigualdades ofensivas. Nada que ver, afortunadamente, con el comunismo y catecismo de libro. Iglesias tiene todo en contra y todo a favor. Es un duelo entre ciudadanos. Sin horcas ni guillotinas, creo. Podemos surge de la rabia. El año que nos espera es fascinante. Preocupados los de siempre, desperezados los durmientes. Conformistas frente a inconformistas. Tienen la policía y el aparato mediático. ‘Estudiantes, indignados, escrachadores, tuiteros, ahora anarquistas... Demasiado previsibles. Aburren’, como señala el lector lombardo. Lo que haga falta a la hora de la calumnia y la amenaza inventada. Podemos al tran-tran, aun con las inevitables prisas de organizarse. Media España los espera ansiosa. Como a Zapatero, Pablo, no nos falles, piensan o dicen. La maratón de la revolución ha empezado, Iglesias lleva la antorcha, los ciudadanos los corredores, todos con idéntico dorsal: Podemos. Y el que venga detrás, las otras izquierdas, que arreen. La meta está en 2015. Hay que atravesar la cinta del Congreso de la soberanía popular. Si queremos, quitamos a los que están.

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Gota FUTBOLÍSTICA: Tras el desastre inicial de La Roja -que por cierto vieron 11.200.000 españoles, es decir, el 68,5 % de los espectadores -, ¿debería Del Bosque hacer una remoción total y alinear a todos los que no jugaron?