Opinion · Puntadas sin hilo

Pablo Iglesias y la democracia

Mientras Pablo Iglesias pedía en Bruselas acabar con el ‘secuestro’ de la democracia, Mariano Rajoy anunciaba en España su proposición para el nombramiento de alcaldes, de modo que lo sea quien decida el partido más votado aunque no tenga mayoría suficiente y negando la posibilidad de acuerdos o coaliciones entre los demás partidos, sin que Iglesias haya saltado como un tigre para defender que tal decisión supondría un ataque frontal a la esencia de la democracia. Puesto que el PSOE ya se ha manifestado abierto a considerarlo y los demás han permanecido callados o han asentido también, Iglesias, como cabeza del partido Podemos y nueva estrella fulgurante de la política española, tendría, en mi viciada opinión de plantear esa lucha y advertir de ello a los ciudadanos. Que obligatoriamente sea alcalde quien encabece o designe el grupo que haya ganado por mayoría, pero insuficiente, unas elecciones, entraña una trampa que pretende el Partido Popular ante sus malas expectativas para las próximas elecciones municipales. Iglesias debe estar ya plenamente integrado en la política española como representante de un partido que seguramente acudirá a las siguientes elecciones. Ya que los demás partidos no lo hacen, tiene, a mi juicio, la responsabilidad social y política de hacerlo para que la democracia tampoco sea secuestrada en nuestro país. Iglesias tiene la ocasión de prestar su primer gran servicio a la democracia. Los españoles quieren, queremos, hechos concretos de sus políticos y no grandes frases. Preferimos ver a un político asistiendo y denunciando un desahucio o visitando comedores escolares en verano antes, o además, de generalidades obvias y ausencia de participación en asuntos capitales.

La elección de alcaldes bajo esa fórmula, y quién sabe si la de diputados un poco más adelante, llevaría, por ejemplo, llevado al terreno autonómico, a que en Andalucía no pudiese ser legal que PSOE e IU gobernasen por haber tenido el PP mayoría relativa en las pasadas elecciones. Y así se calcula en la mitad de las alcaldías de España, donde los partidos que dispondrían de mayorías acordadas no podrían ejercerlas. Caso previsible de Madrid, por ejemplo. Iglesias debe constituirse en motor de semejante atropello y aclararlo antes de que sea hecho consumado, y no creo improcedente que los ciudadanos le instemos, por muy líder adorado que sea por sus seguidores y no sujeto a la menor crítica o exigencia.

El Gobierno distrae la atención, mezclándolo con el asunto de los aforados, más llamativo y comercial, pero de poca relevancia, frente a la alteración de la esencia de la democracia. Porque ¿ello querría decir que los alcaldes serían inamovibles y darse el absurdo de que todo lo que acordase la mayoría suficiente de los demás partidos no tendría efectos en la ciudad? Medios sobrados tiene Iglesias para hacerlo saber a los ciudadanos. ¿Su partido nunca podría coaligarse con otros para impedir desmanes y afrentas a la democracia?

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Gota REAL 1: ¡Qué tristeza ver a los nuevos Reyes de España inclinando el espinazo y arrodillándose en reverencia ante el Jefe de una iglesia por católicos que sean ellos pero cita a la que acuden como Jefes del Estado español!

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Gota REAL 2: El ex presidente de la República francesa, Nicolás Sarkozy, imputado por corrupción y tráfico de influencias. El Rey Juan Carlos, aforado y protegida su inmunidad con precipitación y alevosía.

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Gota PARO: ¿Las muy buenas cifras de paro del mes de junio tienen en cuenta las 500.000 personas que han abandonado España, cuántos de los trabajos contratados son de camareros, pinches de cocina y recepcionistas de a 9.000 euros anuales y cuántos son únicamente de temporada, cuántas horas trabaja el camarero que le sirve en el chiringuito y a con qué salario? Es terrible, los españoles ya ‘pasan’ de las cifras de paro, sean buenas o malas.