Puntadas sin hilo

Después del Debate

Pasado el Debate sobre el Estado de la Nación no sé qué es bueno para España. Sé que el PP no lo es por su autoritarismo, por su desprecio a todo lo cultural, por su inmovilismo en lo importante, por sus restricciones de la libertad, por su manipulación mediática, por su crueldad, y por haber propiciado la desigualdad creciente entre los españoles.

El representante del PSOE estuvo brillante en el debate, y, aunque no presentó propuestas, al menos sí aclaró lo que no le gusta del Gobierno y suprimirá, como la reforma laboral, si llega al poder. No despejó dudas de su posible connivencia con el PP en un futuro poselectoral, pero tuvo el valor y la clarividencia de ligar para siempre a Mariano Rajoy con la corrupción de Luis Bárcenas, amén de definirse él mismo como un político limpio. Unido ello al éxito de la presentación de Ángel Gabilondo como candidato a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, el PSOE a lo mejor no es la solución, por tanto desbarre acumulado, pero tampoco es ya el problema, una vez se diluciden sus discrepancias y ambiciones, por mucho que las nieguen, con Susana Díaz.

Alberto Garzón se mostró y confirmó como gran descubrimiento y pequeño lujo de la política española en momentos de tanta incertidumbre y deserciones en Izquierda Unida. Veremos si es capaz de conducir con tino su formación, que, incuestionablemente, ocupa lugar minoritario pero necesario.

Lo mejor y lo peor que se puede decir de todas las demás fuerzas, nacionalistas o no, es que redundaron en sus posiciones de siempre. No tienen influencia decisiva, pero son un complemento importante de la democracia.

Extramuros, los Ciudadanos de Albert Rivera le están mordiendo la tarta al PP. Son la derecha, la nueva derecha venida de Catalunya y vestida de centro, y recoge desencantos, aún no se sabe cuántos pero parece que bastantes. Son el peligro para el PP, aunque, creo, llegado el momento le darían apoyo. Los dos son antiindependentistas feroces y niegan toda posibilidad de diálogo.

Y, en fin y también aún extramuros, Podemos aparece como la gran esperanza con sus nuevos rumbos, visiones y preocupaciones que recogen los deseos, más o menos acendrados de millones de personas, cansadas de tanta monotonía golfa y política. Una apuesta arriesgada, pero ineludible. Podemos se ha convertido en el enemigo público número 1, el leviatán sociológico. Se le puede achacar que parece que su única fórmula salvadora consiste en que los ricos paguen más, pero no aclara, al menos de momento y con nitidez, qué soluciones propone más allá de ordeñar la vaca, cuyas ubres no son infinitas ni eternas. Su primera prueba de fuego real está muy próxima en Andalucía y comprobaremos si se impone el brío de lo nuevo o la prudencia del miedo y de lo establecido.

O sea, entramos en el puzle de los pactos. ¿Ganará el más flexible o el que menos renuncie? ¿Se mostrarán imbatibles e inasequibles al desaliento los votantes del PP y volverán a ganar bajo el lema de "Todos son iguales, pero los otros son peores"? Miedo me da nuestra intransigencia.

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