Puntadas sin hilo

El desinterés político de los españoles

Me da la impresión de que la inmensa mayoría de españoles no muestra el menor interés en lo político y lo acoge o soporta como algo ajeno a sus vidas. No siente ni frío ni calor por la política. Y en concreto en las elecciones les da igual quien gane. Tienen, sí, una preferencia, por inercia, pero les resulta indiferente que su opción triunfe o no. Lo ven todo con un cierto desprecio. Saben que la democracia está asegurada, aun con sus enormes deficiencias, pero dentro de ella les da igual quien la conduzca. No confían ni en unos ni en otros, y no se disgustan si ganan los otros. La política es algo que está ahí para que unos cuantos se enzarcen entre ellos, y, al final, todos les parecen iguales, lejos de los intereses de los ciudadanos y cerca de los propios. Es tremenda una democracia en la que el político es una figura sin reconocimiento ni prestigio alguno. Ahora mismo, con motivo de las elecciones autonómicas y municipales, lo ven como un espectáculo o torneo cuyos resultados no les apasionan o seducen. Piensan que todo va a seguir igual. No les parece ni bien ni mal que ganen unos u otros. Intuyen que el lunes nada cambiará en lo sustancial, aunque les digan que sí. Están cansados de tanto engaño, tanto desmán y tanta repetición de errores. Padecen, padecemos, fatiga democrática. Saben que les prometen y luego no cumplen. Saben que no pasa nada por no cumplir. Las campañas electorales las aguantan como productos de feria y verbena. Saben que los códigos éticos no se cumplen. Que la calumnia es la sal de la política. Piensan que la decencia es un bien escaso, y por eso el recién nombrado Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, Emilio Lledó, ha dicho "ojalá que el domingo regrese la decencia". Saben que los representan, pero obligadamente y con trampa. Las elecciones se presentan como un combate de boxeo con tongo. Saben que votar es una cita cuatrienal sin más participación. Ir a votar es como ir a misa o a un mercadillo. Como echar la quiniela o jugar a la bonoloto. La urna es una caja fuerte de combinación desconocida, una resonancia magnética de pulsiones ocultas, un sagrario de hostias sacrílegas, un tuitómetro de melancolías, un cardiograma de corazones abandonados. Pero, con todo, la política es la única medicación posible para nuestra astenia democrática, y el voto la píldora que nos puede aliviar. Votemos, pues, y veamos, una vez más, qué pasa. Como diría El Roto, cada vez que se mete una papeleta en una urna, se enciende una estrella.

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