Puntadas sin hilo

Los inútiles y estúpidos cambios en el PP y en el Gobierno

En su columna radiofónica de hoy, el maestro Iñaki Gabilondo se centra en algo, con mucha menor autoridad profesional y más endeble precisión formal, yo vengo repitiendo desde hace tiempo: la desigualdad entre los españoles. Recoge Gabilondo el informe de la consultora francesa Capgemini y del Royal Bank of Canadá según el cual el número de ricos ha aumentado en España un 40 % desde el inicio de la crisis al tiempo que crece la pobreza, de modo que se puede considerar un fracaso de la política económica llevada a cabo tanto por Rajoy como por José Luis Rodríguez Zapatero puesto que la crisis comenzó en 2008. Solo en 2014 el número de millonarios aumentó un 10 %.

Frente a esto, como también dice Gabilondo, todo lo demás es una frivolidad y un pasatiempo estéril. Da igual a quien haya puesto Rajoy en el PP o vaya a poner en el Gobierno, desde el momento en que asegura que la política económica será la misma. Es decir, la desigualdad aumentará y el número tanto de ricos como de pobres se incrementará por mucho que nos vendan que estamos creciendo y las cifras macroeconómicas sean, dicen, prometedoras. Dará igual lo que puedan hacer los nuevos y viejos ayuntamientos dentro de sus limitadas competencias. Dará igual las promesas que puedan hacer unos y otros, desde el momento en que Carmena legitima su incumplimiento al afirmar que las suyas no eran más que un conjunto de sugerencias sin necesario cumplimiento. Por supuesto da igual quienes sean designados ministros, obligados obedientes de las directrices del Presidente. Da igual lo que nos vendan, da igual lo que nos digan. Da igual que nos hablen de regeneración democrática, de transparencia o tolerancia cero con la corrupción. Dan igual los insultos, las injurias, las descalificaciones, las calumnias. Da igual la monarquía, la justicia, la religión, la educación. Hasta da igual el independentismo, las leyes mordaza, la sanidad privatizada o no. Da igual que la izquierda no se armonice, que el descrédito político sea difícilmente reversible, que el Parlamento no cumpla su función o que imputen a unos o a otros ni quien dimita o no. Todo es baladí ante la desvergüenza ética de una política económica que, deliberada y repetidamente, promueve la desigualdad, la pobreza y la riqueza selectiva. Ésa es la verdadera lucha que toka de modo preferente. El PP está inhabilitado para continuar favoreciendo a unos españoles y humillando a otros. Rajoy y antes Zapatero son los culpables de esta catástrofe humana. El nuevo PSOE, aun siendo una incógnita, no es de fiar que renueve lo suficiente las estructuras económicas de la injusticia social. Ciudadanos es evidente que tampoco lo hará-haría. Izquierda Unida está en horas bajísimas y bastante tiene con intentar sobrevivir. Podemos, poco a poco, se va integrando en el sistema y también resulta difícil creer que pretenda y consiga frenar en serio la desigualdad; sus propuestas-promesas-sugerencias son limitadas y no muy claras. En tales condiciones es difícil que España pueda llegar a ser un país decente y justo. Pero desde luego con este PP reincidente la quiebra social continuará ante la indiferencia general.

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