Puntadas sin hilo

Pacto por España

Entre los cuatro partidos con posibilidades electorales, tres de ellos, PP, PSOE y Ciudadanos abogan por la unidad inquebrantable de España en toda circunstancia y cualquier supuesto, mientras que el cuarto, Podemos, propugna un referéndum vinculante entre los catalanes para decidir si quieren seguir integrados en España o no, aclarando que harían campaña a favor de la permanencia. Así lo manifestó ayer Pablo Iglesias en El intermedio, en el que tuvo un gran éxito de audiencia del 14,5 %, por encima de lo habitual del programa y a solo medio punto que El hormiguero con Justin Bieber. O sea que Iglesias no está acabado, al menos en su atracción mediática.

Quedan así, y al margen de lo que se concrete en la reunión de mañana viernes en La Moncloa de Rivera e Iglesias, finalmente llamado, con Rajoy, definidas las posiciones: unos no permitirán, o intentarán no permitir, la independencia de Catalunya bajo ningún concepto, y otro accedería a que los catalanes decidieran su destino. Aunque Rajoy ha señalado que la cuestión catalana debería estar al margen de la lucha electoral, resulta evidente que será uno de los temas preferentes sobre el que los españoles se pronunciarán, aunque no se hable de ello. Posición inflexible o posición abierta. PP-PSOE-Ciudadanos frente a Podemos. ¿Por quién se inclinarán los votantes? ¿Será cierto, como yo decía en el artículo anterior, que la gran mayoría de españoles está a favor de la indivisibilidad radical de España o lo estarán a favor de posiciones dialogantes?

En realidad, pues, estas próximas elecciones volverán a ser de hecho un plebiscito, dada la trascendencia del tema, que anulará a los demás, aunque, repito, no lo saquen a colación. Sería deseable que las partes-contendientes no se descalificaran. ¿Ocurrirá así? Sin tomar partido por ninguna de las dos posturas, con el bloque llamado constitucionalista la desavenencia con Catalunya es previsible que continúe y se encrespe todavía más. Con la postura de Podemos - que, a propósito, ya permitiría directamente el referéndum sin la trampa retardataria de supeditarlo a un proceso constituyente - se correría el doloroso riesgo de una ruptura votada de España, pero se solucionarían la discordia y el malestar nacional y catalán generador de odios y desprecios.

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