Los piratas de aquí

Al ciudadano no le importa si el que le atiende es un funcionario o no”, decía Esperanza Aguirre refiriéndose a su plan de privatización de la Sanidad que ya ha comenzado en la Comunidad de Madrid. El afán privatizador no lo ha ocultado nunca el principal partido de la oposición. Los colegas adjudicatarios se lo agradecen enormemente y, además, las empresas privatizadas se convierten en un refugio acogedor y lucrativo cuando se abandona la política profesional. Sin embargo, había dos cuestiones que quedaban siempre al margen de esta voracidad incautadora: La Educación y la Sanidad. La primera porque representa la igualdad de oportunidades, esencia del sistema democrático, sin la cual todo se reduce a una declaración de intenciones; y la Sanidad porque los beneficios van a cuenta de la salud de los ciudadanos, cuestión que sólo puede plantearse desde una crueldad despiadada. Los profesionales han dado la voz de alarma, peligra lo que llamamos el estado de bienestar. La Sanidad, concretamente, si sigue el camino emprendido en la Comunidad de Madrid, tal y como denuncia un informe de la OMS (Organización Mundial de la Salud) hará ricos a los adjudicatarios, arruinará las arcas del sistema sanitario, y bajará ostensiblemente la calidad de asistencia. ¿Entonces? Pues eso: ¡A por la pasta sin escrúpulos! En EEUU morirán más de dos millones de personas que no lo harían con nuestro sistema de asistencia médico. Es mucho lo que nos jugamos. Y respondiendo al comentario de doña Esperanza: “Sí nos importa, y mucho”. La seguirán votando por ideología. Abusan de la información que se oculta al ciudadano. Con la salud no se juega ni se especula. Hay que despertar de la siesta, los buitres se nutren de nuestro sueño. La cuenta atrás ha comenzado.