Una cuestión semántica

El juez Grande-Marlaska archiva una denuncia contra el historiador objetivo y ex terrorista Pío Moa. La cuestión es que afirma en un libro que “los que hoy defienden la Ley de la Memoria Histórica se identifican con los criminales, los de las checas”.

Alguien le denunció al entender que se injuriaba a los parlamentarios que apoyaron la ley. No quiero restar un ápice de categoría como historiador al señor Moa, al que agradezco que haya dejado las pistolas, martillos y bombas, para servir “al centro”, después de negociar políticamente con aquel gobierno que le rehabilitó; pero en mi caso se equivoca. No me identifico, a pesar de apoyar la ley, que se quedó corta, ni con los criminales de las checas, ni con otros, contemporáneos. Sin embargo, me llama la atención la razón por la que el juez desestima la denuncia. Interpreta que la expresión “criminales” se aplica a los “chequistas”, y no al Parlamento. Lo importante, según él, es a qué sustantivo afecta el adjetivo, aunque se equipare al adjetivado con otro que pasaba por allí. O sea que, en este caso, entiende el juez que dos cosas iguales a una tercera, no son iguales entre sí. Por tanto, si alguien dijera de otro, no sé, un administrador de justicia, pongamos por caso, que se identifica con el mafioso don Vito Corleone, nadie podría sentirse ofendido porque a quien se llama mafioso es a don Vito Corleone que, a fin de cuentas, está muy orgulloso de serlo, y cuya familia felicita las pascuas, puntualmente, a los amigos que les dan de comer.

Lo que ocurre es que los adjetivos se mezclan, confunden, y se dan por aludidos quienes no deberían, identificándose con asquerosas plañideras antiespañolas (entiéndase a quién se llama asquerosa, no nos confundamos de nuevo).