Una cuestión teológica

El astrónomo jefe del Vaticano ha sido noticia al afirmar que “se puede creer en Dios y en los extraterrestres”. No observa contradicción alguna. Yo por mi parte creo que no sólo no hay contradicción, sino que la afirmación es una redundancia, a no ser que creamos que Dios nació en la tierra, como su hijo, lo que nos llevaría a una cuestión de gran calado teológico que es, si la tierra existía o no, antes de la creación. En caso afirmativo, nos plantearía la incógnita de quién creó la Tierra, dónde nació el creador de todas las cosas.

En principio, la Tierra la creó “El Creador” junto con el resto de las galaxias y, por tanto, Él no pudo nacer en un lugar que todavía no existía, luego el mismo Dios sería extraterrestre. También surgirá quien afirme que, al ser Dios capaz de todo, domina la cuarta dimensión, el tiempo, y puede viajar en él en cualquier sentido: hacia delante, entrando en el futuro, o hacia atrás, restando años, como Marujita Díaz. Esta fascinante posibilidad habría permitido que, tras su nacimiento, Dios se desplazara a instantes en los que no existía, para crear la tierra que le vio nacer, aunque, que se sepa, no hay testigos del acontecimiento. Otra cuestión enigmática surge cuando uno se entera de que este observatorio del Vaticano es el más antiguo de los existentes y ya funcionaba en el siglo XVI, antes de que a Galileo le amenazaran de muerte si no renegaba de sus teorías.

Probablemente, los jesuitas astrónomos que trabajaban allí, sabían que lo que decía Galileo no era tan disparatado, pero les pasaba como a muchos currantes de ahora con los contratos basura, se preocupaban de cobrar a fin de mes y, llegado el caso, no cuestionar jamás a la autoridad competente, mirar para otro lado, hacia galaxias infinitas.