Don Mariano es uno y trino

Don Mariano Rajoy saldrá del congreso de su partido ahíto de gloria y felicitaciones, reivindicado como indiscutible solución a los múltiples problemas que asolan la frágil España y su unidad, y elevado en loor de multitudes por pasillos y escaleras, a mayor gloria de un futuro victorioso que aguarda al renovado y esclerótico Partido Popular.

Se pondrán en marcha las rotativas para anunciar la reencarnación de don Mariano en su nueva personalidad. Esta vez, claro está, la de ser inteligente y dotado como ninguno para guiar hacia el centro a ese pueblo errante que conforman sus compañeros y que, como sentenció su profeta don Manuel, nunca olvidará de dónde viene. Jamás imaginé que fuera, precisamente don Manuel, el que despuntara como moderado racional en los últimos tiempos, cuando se libraba la batalla de las ideas. Bajará don Mariano de la tarima con las tablas y sentará las bases del futuro de España. Se abrirán las aguas al contacto de su bastón, caerán las plagas sobre los rivales, y se vislumbrará en el horizonte la tierra prometida por Yahvé al pueblo elegido, el de siempre, el de los de siempre, el que por culpa de la puñetera democracia suelta el cetro ocasionalmente, casi casualmente.

Y tras ser votado en masa por ser el único candidato, recuperará la inteligencia perdida tras la derrota electoral. Sus apuntaladores mediáticos dejarán de ver en él al oligofrénico que dejaba escapar la baba por las comisuras y dirán, de nuevo, que fue un modelo de opositor y un ejemplo de honestidad. Mientras, los testigos periféricos tendremos que asumir estos brutales cambios en la capacidad intelectual de don Mariano sin que nos expliquen si es producto de alguna dieta, o un simple cambio de camello que altera sus funciones neuronales.