Una mañana de boda

El don de la oportunidad no se encuentra entre los que adornan a Ana Botella. Cuando en el acto de apadrinaje y
absolución que escenificó Rajoy, en presencia de la tuna de Génova, para los “implicados y presuntos inocentes” que nutren el sumario de Baltasar Garzón, la concejala pidió que se incluyera en el lote la etapa en la que su marido fue presidente de Gobierno, no hizo otra cosa que señalar con el dedo, de forma imprudente, hacia una dirección en la que nadie miraba todavía. Es cierto que la profilaxis previene catástrofes, pero también lo es aquello de que “excusa no pedida, acusación manifiesta”.
¿Por qué se acoge a la amnistía el inocente? Cuando doña Ana exigió entrar en la oferta de “todos o ninguno” que planteaba Rajoy, proclamando que las acusaciones suponían una persecución política al margen del Estado de Derecho, negando a la Justicia el deber de perseguir el delito, me vinieron a la memoria las imágenes que se publicaron de los principales implicados en la causa el día de la boda de la hija del presidente Aznar. Ahora surgen las dudas. No sabemos si doña Ana quería echar una mano a los amigos de la familia, o eran los hechos que se juzgan los que produjeron los lazos de amistad. Cuando, en El Padrino, Francis Ford Coppola quiere hacer un retrato de las actividades que proporcionan la fortuna de la familia Corleone, rueda una boda. En los invitados está la clave. La de El Escorial, con la colaboración especial de don Silvio Berlusconi en el papel de amigo del novio, y Rouco Varela oficiando la ceremonia, le daría para otras tres entregas.
Falta por saber si fueron estos amigos de la familia los que aconsejaron al suegro que cerrara la fiscalía anticorrupción, según dijo en su día, por innecesaria.