El Ayuntamiento contra Madrid

La utilización de las mayorías absolutas contra el interés general entra en contradicción con la esencia de la democracia. El paradigma de esta paradoja lo vivimos con la carrera política económica social que se labró el señor Aznar a costa de hacernos cómplices de un genocidio en Irak, cuya primera consecuencia fue el atentado del 11-M. Él sabía que la inmensa mayoría de la población estaba en contra de esa atrocidad, pero dio la orden de votar, y los suyos celebraron en el congreso, entre aplausos y risas, el momento más dramático y cruel de nuestra historia contemporánea. Fue el fin de la siesta, la constatación de que se puede acabar con la tiranía, pero la crueldad subyace en el tirano.

Ahora vivimos un caso parecido de desprecio a la voluntad popular. El alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, ha llegado a un acuerdo con el Arzobispado para que este edifique en unos terrenos altamente protegidos por su interés histórico, arqueológico y medioambiental. La excusa para perpetrar esta barbaridad es que, a cambio, la Iglesia renuncia a construir en el terreno contiguo a San Francisco El Grande, lo cual es lógico, ya que ese terreno no les pertenece. Otra vez el cinismo.
Destruirán un espacio emblemático de la ciudad. La tropelía es especialmente triste, porque la entidad beneficiada dispone de suelo suficiente para construir más de cien proyectos como el que tienen previsto. ¿A quién sirve nuestro consistorio? A los madrileños, desde luego, no.
El domingo, hay convocada una concentración con este motivo. No dejemos que nos quiten nuestros espacios. Luchemos contra la impunidad y el desprecio de los que lo tienen todo.