Asuntos & cuestiones

El fin de la mordaza

Los líderes del PP reciben jubilosos la imputación de Camps, y él mismo asegura que este es el paso que estaba esperando: "Ya que por fin tengo la oportunidad de explicar en sede judicial exactamente lo que tengo que explicar." Está feliz. Deseaba revelar en los juzgados el gran misterio que se negaba a contar a los diputados del Parlamento valenciano y a los ciudadanos. Él sólo quiere hablar con el juez. ¡Coño,
que le hace ilusión! Desde que vio JFK, sólo sueña con calzarse unas Ray-Ban de los años cincuenta y caminar de un lado al otro del estrado mostrando al juez que todavía quedan patriotas de verdad que valoran la amistad por encima de todo, que saben
callar cuando ruge la chusma y aguantar la lacerante travesía de la sospecha hasta encontrar un foro acorde a su categoría donde predicar la verdad de los elegidos.
Si un juez nos llamase a declarar tras desvelarse que en el entorno familiar manteníamos conversaciones del tipo: "Te quiero un huevo" o "te has pasado tres pueblos con el regalo" con personas que han recibido del Gobierno que presidimos contratos millonarios, estaríamos igual de contentos. Podrá sacar la conclusión, su señoría, tras escuchar el relato del president, de que ser agradecidos es de bien nacidos.

No faltará quien quiera ver en una
lección de educación elemental la sombra de la corrupción. ¡Infundios! Ya lo dijo la semana pasada José María Aznar: "El PP y la corrupción son incompatibles". No queda más remedio que legalizar este tipo de actividades para no llevar la contraria al estadista más grande que viera nacer nuestra quebrantada patria.
Señores jueces, no remen contra la
corriente de la Historia.