Asuntos & cuestiones

La viga en el ojo ajeno

Se queja don Jaime Mayor Oreja: "Me demonizan porque defiendo las cosas en las que creo". Imagínese don Jaime si, además de demonizarle, le secuestraran, le torturaran o le fusilaran. Por eso considero crueles sus acciones en el Parlamento Europeo para evitar la condena de aquellos que encierran y matan a los que piensan de manera diferente. Sólo el PP
español y la ultraderecha se negaron a
condenar el franquismo. ¿Por qué?

He recibido un libro de un poeta que se llama Marcos Ana. Estuvo 23 años en la cárcel en aquellos tiempos que usted califica como de "extraordinaria placidez". Ni siquiera podía defender, como usted, las cosas en las que creía. Bastaba con que se supiera qué pensaba un ciudadano para encarcelarle. ¿Se acuerda? La represión fue posible porque muchos miraban para otro lado, obsesionados por las fértiles campiñas y las montañas nevadas que nos devolverían al Imperio donde no se ponía el sol: les importaba un carajo el asesinato de los rivales.
Han pasado sin pena ni gloria las recientes declaraciones de Cebrián contando cómo recibían presiones del entorno de Aznar para apartar de los medios a Haro Tecglen y a Iñaki Gabilondo. José María García también contó reuniones con Aznar, en la Moncloa, donde se hablaba de la conveniencia de silenciar a determinados periodistas.
Demonizar está mal, pero debe entender que su caso es complejo. Para las personas que sólo pretenden vivir en paz con afines y rivales, demonizar a los que se niegan a condenar el golpe de Estado de Franco y, lo que es peor, hacen campaña para evitar su condena, como hizo usted en el Parlamento Europeo es, simplemente, un acto de legítima defensa.