Asuntos & cuestiones

La familia

La unidad de las familias se resquebrajaba. La intromisión de los representantes de la ley perturbaba el normal funcionamiento de los asuntos. En Chicago de Alarcón se dieron cita Tony Mariano y Franc Campano. Tony pedía a Franc que se retirara temporalmente de los negocios mientras tuviera a la plana mayor de la Fiscalía quemándole el cogote con el aliento. Para Franc, aceptar las órdenes de Tony significaba firmar una declaración de culpabilidad. Durante toda su vida había sido fiel a la familia. Ahora le recriminaban, precisamente, aquello por lo que en otro tiempo le felicitaban: la maestría con la que engrosaba las arcas del clan. Pero aquellos eran otros tiempos, Joseph Marini tenía a los fiscales metidos en un puño y todo funcionaba como un reloj perfecto. Aún se recordaban los fastos de la boda de su hija, a la que asistió el venerado protector venido de Italia que caminó por la alfombra roja en loor de multitudes, donde le mostraron respeto los amigos, colaboradores y proveedores de la familia. Caminaban con paso firme hacia la basílica donde recibieron la bendición de la máxima autoridad eclesiástica. Cada pieza estaba en su sitio y el mosaico parecía describir un paisaje indestructible, eterno.

No era momento para la nostalgia. Franc debía desaparecer si no quería arrastrar al resto de la familia. Se enfrentaba a una realidad negra y espesa: le iban a dejar solo. Sopesaba la orden del capo recordando a los hombres que él mismo había dejado en mitad del camino. Y todo por un juez idiota que sacaba los pies del tiesto. Cuando, días atrás, cargó la pistola, no podía imaginar que sería el destinatario de la primera bala.