Los intocables

Tras una etapa de silencio en la que el líder de los populares, don Mariano Rajoy, centrista, moderado, renovador y representante de los liberales alejados del franquismo, ha actuado como si estuviera de baja por maternidad, ajeno al mundanal ruido, en un paraíso multicolor donde el olor a suavizante, las mariposas gigantes y los unicornios rosas impidieran la entrada a la tóxica y prosaica realidad, por fin, el líder que promete llevar de nuevo a España por la ruta de la espiritualidad hacia las cumbres desde donde se divisan los legados del imperio, rompió a hablar.

Para sorpresa de propios y extraños, don Mariano sale a la palestra sólo para quejarse de que la Ley, la Justicia, la Policía, y demás servidores del Estado se empleen también en perseguir a los delincuentes liberales. Denuncia que obedecen órdenes del Gobierno. Pero eso, aunque fuera cierto e importante, no justifica que se concedan contratos a determinadas empresas, siempre las mismas, se cobren comisiones a cambio, y se troceen las facturas para no tener que pasar por control alguno, delinquiendo en las adjudicaciones.

En efecto, señor Rajoy, el sistema persigue a los delincuentes y aún debería ser más contundente con los cómplices, los encubridores, y los que se empeñan en desprestigiar el sistema democrático justificando el latrocinio generalizado que sólo conduce a la toma del poder por salvapatrias que harían innecesario ese trámite tan engorroso y absurdo que supone convocar elecciones cada dos por tres, y entonces sí, los Bigotes, Correas, Camps y usted mismo pasarían a ser, oficialmente, prohombres de la Patria, dándolo todo por ella. Como en los buenos tiempos.