Un tonto hace ciento

El sicópata se caracteriza por no tener sentimiento de culpa. Hace una vida normal, parece amable, pero puede cometer las atrocidades más truculentas sin pestañear y relatarlas con total frialdad.

Algo así parece ocurrirle al ex presidente del Gobierno, el señor Aznar, que se refiere a Irak como un espacio donde se vive mejor que antes de la guerra y que este viernes, en una nueva intervención clamorosa, achacaba los males que nos asolan por culpa de esta crisis al “socialismo intervencionista”. Es fácil de explicar lo que nos pasa si observamos que los administradores de la finca son seres sin conciencia a los que nunca afectan las consecuencias de sus fechorías. A veces, uno siente envidia de la libertad con la que se manejan los próceres de la derecha a la hora de manifestar las estupideces más asombrosas, espacio que comparten con los gurús de sectas esotéricas que sueltan absurdas soflamas ante atónitos alienados que creen estar en presencia del enviado del cosmos, mientras en el entorno fluyen las coordenadas semánticas de la oligofrenia profunda. Estas atrocidades que ignoran la crueldad que entrañan, encuentran reflejo y guía en las páginas de los diarios afines, despreciables libelos que hacen de la mentira su oficio.

El caso del señor Aznar no sé ni cómo calificarlo. Dice tonterías de un calibre que uno duda de si lo hace sólo por lo que cobra de esas empresas para las que trabaja o si es que, simplemente, es idiota. Lo malo es que me encuentro constantemente con gente que le admira y para mí, es la prueba evidente de que el ser humano es un acto fallido de la Creación y de que el apocalipsis está a la vuelta de la esquina.