Presunción de culpabilidad

Lo de estos señores del PP es desesperante y tan sólo posible gracias a una falta absoluta de vergüenza. El desprecio a la ciudadanía que gobernarán supera lo imaginable por las personas que acatan las normas elementales del sistema. Ahora protestan por un sistema de escuchas telefónicas que el mismo señor Rajoy, teniendo a Cospedal de mano derecha, encargó y pagó, y que puso en marcha Acebes. El Tribunal Supremo echó por tierra los informes que aportan en su protesta en la que califican la actitud del Gobierno de propia de un estado policial totalitario, cuando son los jueces los que manejan el invento.

Mientras los ciudadanos que pagamos esta fiesta con nuestros impuestos pretendemos que se endurezcan las penas para los ladrones una vez que abandonan la condición de presuntos y se extreme el control sobre los administradores de lo público, la cabeza visible del PP, abusando de la infinita paciencia de los que no le votan –que son los verdaderos Job de esta película–, y tal vez envalentonado por las encuestas del CIS que dicen que, incluso con el caos interno y el latrocinio escandaloso que se vive en sus filas no pierde el apoyo de sus votantes, se queja, a pesar de que gracias a esa herramienta judicial se ha descubierto la mayor trama de corrupción que ha asolado este país convirtiéndonos en la cloaca de Europa. Cuando uno esperaba una disculpa por tan bochornoso espectáculo, y un agradecimiento oficial por haberles librado de ese tumor que crecía en el seno del partido, los jefes se despachan con chulería exigiendo explicaciones. Los jefes, del lado del delito. No son presuntos, sus acciones les definen.