Fábrica de independentistas

Que todos los diarios de Catalunya saquen un artículo editorial común, sean de izquierdas o de derechas, constituye un acontecimiento histórico y una prueba de unidad de criterio frente a lo esencial, impensable aquí, en el feudo de los que se hacen llamar “de centro”. Allí no tienen las cabeceras y las emisoras de radio de agitación y difamación permanentes que crean bandos irreconciliables. Esas que buscan al autor intelectual de 11-M por aquí cerca, como señalaba Aznar, que llevan a las portadas los ayuntamientos donde no ondea la Gloriosa Enseña Nacional, que llaman Auschwitz al Hospital Severo Ochoa a mayor gloria de su lideresa y que cifran sin rubor en millones los asistentes a manifestaciones, cuando son decenas de miles.
A las pocas horas había una respuesta. El tono, como era de esperar, había variado. Al artículo editorial unitario, escrito en un estilo impecable, contesta la España Una a su manera: “Es imposible decir más falsedades con peor intención en menos espacio”.

Esta pelea de hooligans les va bien a “los del centro”. Allí no tienen nada que hacer, y enfrentando al resto de los españoles con catalanes y vascos aumentan sus votos. Cuando Aznar llegó a la Moncloa los grupos independentistas eran casi residuales: durante su Presidencia llegaron a formar parte de gobiernos autonómicos. Un dato interesante.
El golpe más duro se lo llevan los catalanes que quieren seguir siendo españoles. Los otros, lo tienen claro desde hace mucho. Esta derecha tan cavernícola te hace independentista sin desearlo, cualquiera cambiaría lo que se pierde por lo que se quita uno de encima. Un mundo sin ellos: ¡qué bendición!