Educando a la clase política

Rajoy anuncia a bombo y platillo la redacción de un nuevo código ético que rija el comportamiento de los miembros de su partido. Todo un detalle de aquel que pasea a los presuntos delincuentes por plazas de toros en homenajes multitudinarios asegurándoles que siempre le tendrán a su lado, delante o detrás, demostrando que no tiene prejuicios a la hora de adoptar una postura. Sorprende que declare la necesidad del código para evitar “que se repitan acontecimientos como los que se han conocido a través del caso Gürtel”, porque al mismo tiempo sostiene que dicho proceso es un montaje del Ministerio del Interior al más puro estilo nazi. Desde hace unos días están intentando que se archive el caso alegando que las pruebas se han obtenido de forma ilegal, sin dar la menor importancia o hacer comentario alguno sobre el contenido de dichas pruebas que les retratan como chorizos sin atenuante alguno. El señor Trillo está indignado, el señor González Pons se siente amenazado, y los que no somos de la cuerda de esta derecha tan de siempre, tan nuestra, estamos acojonados con lo que se nos viene encima.

En el colmo del disparate, el PP recomienda al resto de los partidos que se acojan a esta normativa que incluye no aceptar regalos desmesurados, no dividir presupuestos para saltarse el obligado concurso antes de la adjudicación y un largo etcétera de consejos innecesarios para el ciudadano honrado, que hacen suponer que eran práctica habitual entre sus filas antes de la elaboración de este tratado anticorrupción con el que quiere frenar la avalancha expoliadora. Estos señores deben pensar, como dice el refrán, que todos son de su condición.