Pidiendo peras al olmo

Cuando el señor González Pons afirmaba en TVE que Zapatero no era capaz de resolver los problemas que había creado, lo hacía responsable de la crisis con la sana intención de sacar rédito electoral. Ahora que todos los analistas internacionales afirman que la causa de la especial gravedad de nuestra situación económica se debe a la anunciada explosión de la burbuja inmobiliaria –que se fraguó durante los gobiernos que ustedes saben, cuando el ministro Álvarez Cascos afirmaba que era motivo de orgullo el precio que alcanzaba la vivienda porque significaba que los españoles la podían pagar, o sea, que eran todos ricos–, no podemos caer en la misma trampa de señalar con el dedo a nuevos culpables en una tarea estéril, pero sí pedir cautela y seriedad a los que no hacen más que echar leña al fuego y agravar el problema.
Que los miembros de ese partido jalearan la noticia que dio el Financial Times en el sentido de que España era un caos en el que toda inversión estaba condenada al fracaso –noticia que, al parecer, formaba parte de una maniobra especulativa para obtener dividendos–, no denotaba un excesivo amor por la patria.
No parecían calibrar que castigaban tanto al ciudadano en paro, motivo de sus desvelos, como a la clase empresarial, razón de su existir. Algún día deberían dejar de dar lecciones magistrales sin contenido alguno, abandonar la campaña internacional de desprestigio que lleva a cabo su líder-momia y arrimar el hombro, sobre todo cuando es, precisamente, en las comunidades que gobiernan ellos, que dicen tener la solución para salir de la crisis, donde esta ha adquirido mayor intensidad y se destruye más empleo.