Rectificar es de sabios

Esperanza Aguirre ha publicado en este periódico una aclaración porque yo había escrito en esta misma sección: “Habría que recordarle el enorme incremento de su patrimonio y el de toda su familia gracias a recalificaciones de terrenos y ubicaciones ferroviarias absolutamente irregulares”.
Rectifico en lo de “toda su familia”. Sobra lo de “toda” y pido perdón.
Ahora bien, fueron muchos los miembros que se beneficiaron de lo que ella califica como “mala suerte” por la designación de la extraña ubicación de la estación del AVE de Guadalajara, nada práctica para los ciudadanos. La estación no está en la ciudad, sino a 13 kilómetros de la misma por una carretera sinuosa. Se tarda más en llegar a Guadalajara desde Madrid en AVE (17 euros) que en cercanías (4,5 euros). Absurdo, ¿no?
Se equivoca doña Esperanza cuando afirma que no he contrastado la información referente a la propiedad de esos terrenos y escribe: “Ni yo, ni mi marido, ni mis hijos, ni, por supuesto, mi madre y hermanos, ni mis cuñados, ni mis suegros, tenemos un solo centímetro cuadrado de terrenos en Yebes (Guadalajara) lugar al que se refieren con las recalificaciones ferroviarias”. Hace una relación de posibilidades de parentesco, pero olvida, accidentalmente, a tíos y primos. Son, precisamente, una tía de su marido y sus hijos, primos de la presidenta, los propietarios de aquellos páramos donde se colocaron los andenes, y donde hoy se han construido un campo de golf y miles de viviendas. Al día siguiente de la recalificación, los terrenos pasaron de valer 1.000 millones de las antiguas pesetas, a 8.000 millones. Así los tasó la propietaria, según datos publicados en la prensa.