Todos son Camps

Rita Barberá dice que si aceptar regalos es cohecho, todos los políticos deberían sentarse ante el Tribunal Supremo. Parece que la actitud de Camps es la norma en el entorno de Rita, y también en el de Esperanza Aguirre, que afirmó: “La corrupción es consustancial a las instituciones”. La tercera Gracia, Dolores de Cospedal, prefiere el argumento contrario, se apunta a la teoría de la conspiración y dice que no ha pasado nada, que los 50.000 folios son un invento de Zapatero y Fernández de la Vega. Con un par.
Alarma que personas tan mayores y tan expuestas al mal no sepan diferenciar el caramelo que el señor de la gabardina ofrece a la niña en el parque del durito que le da la abuela el día de su cumpleaños “para que se convide con las amiguitas”. Para ellos, todos los regalos son iguales, los del señor que está en la cárcel por obtener adjudicaciones millonarias irregulares y el dibujo del sobrino con un sol que sonríe. Pues no, no son iguales. Lo importante, cuando se regala, es la intención. Se dice siempre que te entregan algo que carece de valor material. Y con respecto al argumento de que alguien como Camps no se vendería por tres trajes, precio que les parece insultante, estamos de acuerdo. Nos consta que para ganar su cariño al punto de que “te quiera un huevo”, que es lo que dice querer a su amigo El Bigotes, hace falta mucho más. Y eso es lo que hay en el resto del sumario que su amigo el juez De la Rúa, en un acto nada inocente, rechazó, limitando la investigación al regalo de los trajes, que no son más que la punta del iceberg, o de la aguja que utilizó su señoría para desinflar un sumario plagado de fechorías.