A los hijos del rock’n’roll: bienvenidos

Hola, amigos. Soy El Gran Wyoming, pero podéis llamarme Gran. Celebro el nacimiento de este periódico, como deberían celebrarlo todos los amantes o defensores de la libertad. Estoy contento de que los responsables del invento hayan decidido contar conmigo, lo cual da una idea de su índice de inteligencia (juzgue cada lector cuál es ese índice).

Digo que estoy contento porque el hecho de ser reclamado, aunque sea por El carnicero de Milwaukee, es adulador y estimula los esfínteres, donde quiera que estén. Por otro lado, dada mi natural humildad, me produce gran satisfacción que me brinden la oportunidad de dar categoría a este diario con mis colaboraciones que, dicho sea de paso, serán contundentes, claras y, por primera vez, sintéticas, dado el espacio del que dispongo. Hoy, con la excusa de la presentación, no me queda sitio para otros asuntos, pero me gustaría que no perdierais el tiempo, así que os voy a plantear una cuestión que me reconcome: ¿cómo es posible que los que piden que la asignatura de religión sea obligatoria y los que exigen al gobierno que no se adoctrine a los niños sean los mismos? ¿Tienen doble personalidad? ¿Son unos y trinos, como el ruiseñor de las cumbres?

Por cierto, tengo un blog de esta sección dentro de la página web del periódico donde podéis contestar. Mi cerebro no abarca estos misterios de los místicos.