Asuntos & cuestiones

La amenaza DEL INVASOR

En plena ola de acusaciones por sus maniobras xenófobas para conseguir votos, el PP arroja un órdago a sus oponentes al acusarles de tener la intención de regularizar inmigrantes.
Tienen poca capacidad de defensa los que carecen de lo elemental, los que pierden la condición de seres humanos y pasan a ser sin papeles, y nada es más sencillo que convencer a las masas en estos tiempos de recortes, de reformas laborales y congelación de las pensiones, de que si nos deshacemos de lastre caminaremos más ligeros. Una vez superado el obstáculo que suponía la conciencia de clase, hacer que los trabajadores se sientan amenazados por sus compañeros en lugar de dirigir su mirada a la
élite dirigente, que es quien decide su destino, es una herramienta de gran valor electoral aunque cobarde, cruel y miserable.
El apocalíptico efecto llamada que iba a provocar la regularización de cientos de miles de personas que trabajaban en el vacío legal no ha producido la catástrofe anunciada y, sin embargo, se sigue difundiendo la presencia del forastero como un peligro para la subsistencia. Una vez instaurada, la animadversión se queda para siempre. Es muy común escuchar: "Yo no soy racista, pero…", seguido de un comentario que contradice el encabezado. El racismo se comporta como una epidemia social incontrolable, sólo hace falta su inoculación por parte de gente miserable enemiga de la libertad, la igualdad y la fraternidad.
Muchos historiadores se preguntan cómo dominaron Europa el nazismo y el fascismo. Es un proceso encaminado a inculcar la cultura del odio al diferente como mecanismo de defensa. Instaurados en esa quiebra moral, todo cabe.