Asuntos & cuestiones

La ciencia infusa

En el afán de echar un cable al Gobierno que la nombra, la ministra de Cultura aconseja a sus antiguos compañeros del cine que no opinen sobre lo que ocurre
en el Sáhara, metiéndose en un jardín que cuestiona la propia esencia de ese sistema que celebra cada cuatro años unas elecciones en las que a los ciudadanos inexpertos se les pide opinión para elegir quién va a dirigir nuestro futuro sin exigirles cualificación alguna.
Hablando de expertos, me asalta una duda: ¿qué se exige para ser ministro? Si nos atenemos a los corrimientos de carteras cada vez que hay una crisis de Gobierno, debemos entender que los ministros son expertos en todo. Y surge otra pregunta: ¿es la condición de ministro la que le hace a uno tan listo, o ya viene así de casa?
Ante lo que parece a todas luces una matanza impune para reprimir una protesta pacífica, ciudadanos españoles, en un acto que les honra, mostraron su indignación y salieron a la calle, precisamente, tras escuchar la opinión de los expertos que nos recuerdan que no somos sólo aliados, sino también rehenes de Marruecos, que nos puede complicar las cosas en temas de inmigración, terrorismo islámico, soberanía de Ceuta y Melilla o, como ha dicho hace poco la prensa progubernamental de aquel país al ver la reacción de algunos medios de comunicación ante la barbarie, cuestionarse apoyar a ETA.
Los expertos en política internacional manejan muchos parámetros y aconsejan ser pragmáticos. Es ese pragmatismo el que sugiere silencio e indiferencia ante los crímenes. Por eso los inexpertos dan la cara y luchan contra el exterminio. No es una cuestión de cualificación, sino de conciencia.