Por la boca muere el pez

Cuando el encargado de la estrategia electoral del Partido Popular, Pedro Arriola, aconseja a sus compañeros que estén callados hasta que pasen las elecciones, sabe de qué habla. No quiere que se delaten. Es mejor ocultar las intenciones y llevar el programa en clandestinidad. Tiempo habrá para que el personal se entere.
Saltándose la norma, el señor Camps, con motivo del proceso que siguen contra él por aceptar regalos de la trama corrupta a la que tanto benefició, declaró que la Fiscalía lo tiene muy fácil, y para demostrar que no usa una doble vara de medir pide que le aplique lo que denomina “doctrina Bono” o “doctrina Chaves”, en referencia al archivo judicial de unas causas parecidas a la suya.

No está fino. Su cargo le obliga a hacer pedagogía social y olvida que él y sus compañeros se han hartado de proclamar la culpabilidad tanto de Bono como de Chaves, cometiendo un doble error al apelar a la aplicación de esa “doctrina”, ya que por un lado se declara culpable al incluirse en el grupo y, por otro, lo que reclama es que se le otorgue a él la misma impunidad para el delito cuando debería exigir Justicia, que es lo que pide siempre el inocente.
La “Injusticia para todos” no sólo es nociva para el normal funcionamiento del sistema democrático, sino que denota que entre sus defectos puede contarse el de ser un poco envidiosillo.
Arriola tiene razón, están mejor callados, porque cuando abren la boca tiemblan los cimientos de la razón, el sentido común y la honradez que debieran presidir la conducta de los que administran nuestros dineros.
Eso sí, puede dormir tranquilo; hagan lo que hagan no palman un voto.