Asuntos & cuestiones

¿Fuentes de riqueza o depósitos de riqueza?

El anuncio del PP de que rebajará los impuestos ha inaugurado una etapa de crítica serena de las propuestas de los partidos. A los medios de comunicación esta medida, concretamente, no les parece electoralista; a fin de cuentas, y nunca mejor dicho, la propiedad de los medios es de unas empresas a las que les encantan estas iniciativas.

De repente, nos subimos a un guindo del que no queremos caer. La rebaja de los impuestos viene acompañada de un sinfín de promesas que incrementarán el gasto. David Copperfield, el mago de Las Vegas que hace aparecer y desaparecer cosas a su antojo, prima sobre la razón y se convierte en el único garante de la viabilidad del programa electoral. Se acepta que mejorando la gestión se harían más cosas con menos coste. Claro, mejorando la gestión. Y si yo tuviera un pene bífido estaría en la feria internacional del ganado.

¿Cómo se mejora la gestión? Privatizándola. Para los liberales en economía, está claro que todos los cerebros de la sociedad se encuentran fuera de la Administración. El fin de la privatización de los servicios supone la presencia de un nuevo agente intermediario, inteligente, cuya única intención es hacer negocio. ¿Cómo? Rebajando la calidad de la prestación, o el salario del currante. Normalmente, las empresas bien gestionadas y con criterios de productividad coherentes hacen las dos cosas. La empresas adjudicatarias, las únicas beneficiadas del proceso, se convierten en fuentes de riqueza, que es de lo que se trata, de crear riqueza donde antes no la había. Es la apoteosis de la era liberal, ver brotar un manantial de riqueza de la nada, bueno, o de nuestros bolsillos, qué más da, la belleza está en el manantial, no en el acuífero, subterráneo, ignoto y profundo.