A los que fabrican mentiras

Los profesionales de la información han reaccionado contra las ruedas de prensa donde no se admiten preguntas. La Asociación de la Prensa de Madrid celebró un encuentro en el que se dijo que parte de la responsabilidad de la situación a la que se ha llegado es de los mismos periodistas que han consentido durante demasiado tiempo esta utilización de los medios como meros vehículos de propaganda.
Está bien la autocrítica y que se intente recuperar el sentido común ante la imposición de los líderes políticos que vetan la palabra pero invitan a presenciar sus soflamas para legitimar las declaraciones institucionales, eludiendo la obligación de justificar su gestión ante la sociedad que los nombra administradores interinos de los bienes colectivos.
Ya puestos, podrían abordar algo tan necesario como la ética en el ejercicio de la profesión ahora que asistimos a procesos de manipulación y difamación sin precedentes, a la construcción de teorías conspiratorias y a revisiones de la historia impresentables. Dejando el corporativismo a un lado, olvidando el viejo axioma: “perro no como carne de perro”, y primando la información sobre el negocio, como principio elemental para el desarrollo de la profesión, cabría condenar prácticas que en algunos medios se han convertido en norma, y elaborar un manifiesto contra “la mentira”. A eso también podrían dedicarse las asociaciones de prensa: separando el polvo de la paja se protege a la ciudadanía y se recupera el prestigio de los profesionales de los medios.
Así lo vemos muchos desde fuera.