Ellos mercado, nosotros mercancía

Se debate estos días sobre la bondad o malicia de los recortes del gasto y la conveniencia o no de subir los impuestos.
Lo sorprendente es que este debate, que es eterno, aparezca ahora como surgido de la necesidad de solucionar la crisis.
Comoquiera que la crisis ha servido para decretar reformas sin debate social que de otro modo su sola formulación hubiera desatado las iras de la ciudadanía, y dado que las medidas que se proponen para salir de la crisis son las mismas que pide siempre la derecha, incluso en los momentos de mayor bonanza económica –que se resumen en un recorte de los derechos de los trabajadores y de los servicios que presta el Estado, acompañados de una bajada de los impuestos–, cabe concluir que la crisis no ha sido del todo estéril. Este desastre parece provocado para la refundación del capitalismo, pero no en el sentido de humanizarlo y ponerlo bajo el control de los gobiernos para evitar desmanes, como anunciaban al principio los causantes del caos arrepentidos, sino para implantar su cara más salvaje ahora que no hay respuesta desde el otro lado del Telón de Acero. Una vez encerrados en el puño de la inseguridad y la miseria, los ciudadanos comerán de la mano sin morder, y meneando la colita por las migajas que ofrecerá el sumo benefactor, entonces sí, dueño y señor de la finca o, como les gusta llamarlo a ellos, “El Mercado” que, como todos sabemos, es libre.
Gran paradoja de “El Mercado” que aprieta más cuanto más se le otorga, siempre insatisfecho ante el sacrificio humano. Humilla a los sumisos y luego los desprecia.