Asuntos & cuestiones

Tiempos de regresión

La marea liberal, centrista, neocon, faescista (de la FAES, no confundamos, que hay matices que los diferencian de los otros) y yo qué sé cuantas cosas más, antes conocida como derecha, sueña con convertirse en tsunami. Yo, que soy una cara visible y bien reconocible por mi indudable atractivo, me convierto en estas fechas previas a las consultas plebiscitarias en un sensor del calentamiento global ideológico gracias al empeño de los transeúntes por transmitirme lo que piensan. Bueno, más que lo que piensan, una especie de consignas que, repetidas como letanías durante años a través de los medios de comunicación afines, les permiten opinar sin tener que pensar, lo que deja espacio a sus cerebros para la tarea más noble a la que puede dedicarse un español: amar a la patria. Amor que se refleja en ostentación roja y gualda con cualquier excusa.
Destacaría como novedad la alegría con que manifiestan algunas personas el deseo de que la nueva autoridad competente calle las voces de los que, acertados o no, creen que el cambio va a ser nefasto para los españoles y que un mundo en manos de Cospedales y Aguirres, reinas de la descalificación y el juego sucio, es una auténtica pesadilla, grupo al que tengo el orgullo de pertenecer.

Pues sí, antes se cortaban, pero ahora se expresan sin rubor, te dicen cosas del tipo: "Ya te queda menos, a partir del 20-N se te va a acabar el chollo". Y yo siento una gran frustración al pensar que disfrutarían viendo purgar a los que no son de su cuerda.
¡Qué frágil y poco didáctica es la libertad!