El codiciado tesoro

Hace unos meses aparecieron unos papeles que destapaban los planes de Cameron acerca de recortes en asuntos sociales, congelación de salarios y despidos de funcionarios en Reino Unido. Nada de esto estaba en su programa electoral, y es probable que muchos ciudadanos se lo hubieran pensado mejor si hubieran sabido que peligraba su puesto de trabajo al elegirle. El personal transige con que los políticos oculten sus planes como si fueran materia reservada.
En Catalunya ha ocurrido algo parecido. Ha aparecido un documento en el que se revelan proyectos de privatización de la sanidad pública o, como ellos lo llaman para maquillarlo, estrategias de “alianzas” y “consorcios” con otras entidades privadas para la gestión y asistencia al enfermo. Advierte el documento de la necesidad de “planificar la comunicación, adelantarse a los acontecimientos y controlar el mensaje”, maniobras de manipulación que no serían necesarias si lo que se pretende es mejorar la situación actual; en ese caso anunciarían las medidas a bombo y platillo.
Señores de CiU: los ciudadanos no somos tan listos como ustedes, pero sabemos que el capital privado sólo entra en “alianzas y consorcios” para sacar tajada, y la rentabilidad en la sanidad pasa, necesariamente, por la ruina de las familias que tienen la desgracia de padecer en su seno enfermedades graves. Sólo la unidad de la ciudadanía puede salvarnos de este expolio. En Madrid, como ahora en Catalunya, ya han empezado a corroer los cimientos de la codiciada sanidad pública, ese inconmensurable tesoro desprotegido.