Contra los mercados

Los mercados celebraron con sus habituales gestos, subida de la bolsa y bajada de la prima de riesgo, el anuncio de la marcha de Berlusconi. En este caso parece que coinciden con el sentir de una gran parte de la ciudadanía europea, pero no les vimos reaccionar cuando fue elegido por los italianos. Ya entonces se sabía que compraba voluntades políticas a golpe de talón; era un maestro de la intoxicación de la información a través de los medios de comunicación que posee y, para remate, había sido condenado por sobornar jueces. Ya en el cargo cambió leyes para que prescribieran delitos por los que iba a ser juzgado. En definitivas cuentas: un convicto con muchas causas pendientes. Este currículum, que no soportaría una entrevista de trabajo para un sueldo de ochocientos euros, no le inhabilitó para ser elegido jefe del Gobierno italiano, pasó con buena nota el filtro de “los mercados”.
En estas horas bajas en las que “il cavaliere” ha perdido encanto nadie va a llorar su despedida, pero debemos aprender la lección que nos mandan “los mercados”: Quitan y ponen gobiernos a su antojo. La clase política les ha entregado el poder y ahora somos rehenes de sus conveniencias y caprichos, nuestras vidas les pertenecen. En esto consiste lo que llaman liberalismo. La ausencia de intervención del Estado en la “economía de mercado” nos convierte en mercancía, en objeto de especulación.
Si hundir el barco es rentable, se hunde, esa es la ley. Los que van dentro son una mera anécdota que no pueden pretender frenar el curso de la Historia.