El cambio que viene

A un día de las elecciones, algunas cosas se van concretando. Dolores de Cospedal, de la que Rajoy el moderado tiene la mejor de las opiniones, nos cuenta que las decisiones que tomarán si gobiernan sacarán a la gente a la calle. Ejerce de nuevo ese cinismo tan característico en ella, como cuando se llamaba lideresa del partido de los trabajadores; cuando se quejaba de lo que cobran los políticos, antes de publicarse que era la que más cobraba, más que Zapatero; o cuando acusaba al Gobierno de practicar métodos nazis por utilizar detectives privados para perseguir a sus compañeros de partido, descubriéndose, más tarde, que había sido su propio partido el que los había contratado. Los que utilizaban tal método dejaron de ser nazis, por lo visto. También quiso llevar a los tribunales europeos el tema de las escuchas telefónicas en el caso Gürtel por ilegales, sin hacer el menor comentario sobre el contenido de dichas conversaciones, encubriendo, como el resto de la cúpula de su partido, esas prácticas corruptas cuya legitimación nos pasará una factura imprevisible.
Ahora ejerce de pitonisa y vaticina que la progresía, en su afán desestabilizador, se opondrá por sistema a las medidas que adopte el nuevo Gobierno. Esas protestas, por tanto, no tendrían fundamento al estar planificadas de antemano.
Mientras, la CEOE está exigiendo compromiso para que sus afiliados puedan incrementar sus privilegios a costa de la abolición de derechos que han costado decenios de lucha. Faltan dos días para que todo vuelva a funcionar como un reloj perfecto.