A vueltas con lo mismo

Peligrosa la senda que escoge Rosa Díez cuando, de cara a formar grupo parlamentario, afirma que a su grupo y a Amaiur no se les puede aplicar el mismo baremo porque el suyo «es un partido perseguido por ETA» mientras que Amaiur «está tutelado por la banda».

Habría que recordarle que el suyo no es el único partido perseguido por ETA, todos lo estaban, no corren tiempos para capitalizar el victimismo, ni a las víctimas, que fueron utilizadas demasiadas veces como arma arrojadiza contra los rivales de forma vergonzosa.

Sorprende la resistencia a suprimir a ETA de la acción parlamentaria, precisamente, por parte de aquellos que se sienten más amenazados, dificultando la normalización del País Vasco tan reclamada por gran parte de la clase política y la totalidad de la ciudadanía. La paradoja raya el esperpento cuando se plantea la ilegalización de Amaiur, en un afán nostálgico de encontrar un enemigo allí donde se debería buscar la reconciliación.

En cuanto a la ofensa que le supone que se le aplique el mismo baremo que a Amaiur, no creo que sea oportuno introducir el criterio del voto ponderado en función de la legitimidad política porque esto nos metería en el complejo laberinto de la subjetividad y no todos los que ostentan cargos de responsabilidad tienen como prioridad la defensa de los valores democráticos elementales. Sin ir más lejos, en Castilla-La Mancha se cierran centros de asistencia a mujeres maltratadas. Imagínese doña Rosa si la calidad política fuera un criterio para estar sentado ahí, a dónde habría que mandar a algunos.